La legalización de Sortu sólo habría tenido sentido si hubiese condenado sin rodeos el terrorismo y hubiese reclamado el desarme y la disolución de ETA, además de pedir perdón. Pero Sortu es el instrumento político de ETA, y va a jugar en política bajo la sombra de un terrorismo que ni se ha desarmado ni está dispuesto a reconocer la terrible injusticia que ha supuesto en nuestra historia reciente. Ahora tiene la palabra una sociedad que debe demostrar si ha extraído las lecciones de esa historia. De ello depende en buena parte su futuro.
















