Adolfo Caparrós Gómez de Mercado. Doctor y Profesor de Lengua y Literatura.- Ya nos plantea Antonio Colinas en su excelente introducción que Pinocho es un clásico. Y es tal porque lo seguimos leyendo hoy como si fuera la primera vez que nos acercáramos a él. Da igual los años que hayan pasado, Pinocho siempre nos enseñará algo sobre la vida, algo sobre el amor, y algo relativo a ser mejores personas. Por eso es un libro inmortal, un clásico. 
Y es que, Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi –Editorial Siruela- nos suena a casi todos, ¿quién no ha escuchado la narración del muñeco de madera alguna vez en su vida? Todos conocemos la historia. Por cierto, nuestros lectores estarán cansados de las alusiones a los ciento treinta años que cumple el cuento. Gracias a ello se ha recuperado un relato que por méritos propios debería tener siempre un lugar preferente para niños y no tan niños. Y aquí enlazamos con otra de las aportaciones de Antonio Colinas que se refiere a si Las aventuras de Pinocho es un cuento exclusivamente para niños, o que podemos leer todos. Él opina que es para todos los públicos, y yo estoy totalmente de acuerdo. Es un libro que nos va a decir mucho si lo leemos con cuarenta, sesenta o noventa años. Da igual, porque los valores no entienden de edades.
Razón interesantísima esta última para volver al libro italiano. Ante la crisis de valores que estamos viviendo actualmente, este cuento emerge como un auténtico homenaje contra la pereza, el “gratis total”, y el “porque yo lo valgo” que tienen las horas contadas en este incipiente siglo XXI.
La solidaridad no depende tanto de las capacidades y del dinero de uno sino de su voluntad de colaborar. Así le ocurre a Pinocho que, poco a poco, va descubriendo que él puede hacer mucho por los que le rodean. Todo es ponerse.
Y una última lección que ojalá se cumpla a rajatabla en lo referente a lo que estamos viviendo hoy en día. El sacrificio tiene premio. Las penalidades de Pinocho, su buen corazón y su esfuerzo culminan en un premio que no vamos a desvelar a nuestros lectores. Aunque conozcan la historia, el final de la misma se merece sin duda una sonrisa, y en algunos casos, el llanto. Según naturalezas. ¿Qué más se puede pedir a un libro?















