Autor: Andy Mulligan
Salamandra.
Barcelona (2011).
224 págs.
Raphael, Gardo y Rata se ganan la vida entre desperdicios en Behala. Desde que se levantan hasta que se acuestan remueven la basura humeante del vertedero donde viven. Con los pies descalzos, seleccionan, clasifican, descartan… Un día, Raphael encuentra algo que no debería haber encontrado y a las pocas horas aparece la policía, que promete a las decenas de chicos que malviven en el vertedero una sustanciosa recompensa.
Los tres amigos deciden mantener en secreto su hallazgo, pues intuyen que tienen entre manos algo que podría cambiar su destino. No tienen dinero y apenas saben leer, pero no están dispuestos a dejar escapar la oportunidad de dejar atrás el vertedero. Sus pesquisas para resolver el misterio los llevarán a la celda de un anciano preso político, al inmenso cementerio de la ciudad y a sus avenidas más lujosas, mientras son perseguidos por policías sin escrúpulos, dispuestos a cazarlos como a alimañas.
La trama de la novela tiene como telón de fondo la pobreza en la que viven muchos seres humanos hoy en día. El lugar elegido, Behala, es el principal vertedero público de una gran ciudad en Filipinas (los nombres son ficticios), convertido en hogar de cientos de personas que viven allí subsistiendo a base de reutilizar los desperdicios de la sociedad consumista. Plantea el círculo vicioso en que se hayan sumergidos y la baja eficacia de los intentos de alfabetizar a los niños que crecen en ese ambiente de máxima pobreza. A pesar de todo el pesimismo que puede destilar un lugar así, destacan con luz propia una serie de personajes cuyo objetivo en la vida es tratar de ayudar a los más desfavorecidos: el padre Juilliard y la voluntaria Olivia Weston realmente quieren a estos niños por lo que valen como personas.
El hallazgo que encuentran entre la basura permitirá a los tres protagonistas cambiar su suerte, cosa que harán, pero no como uno podría esperar sino con una insólita magnanimidad de corazón, muestra de que en muchas ocasiones los más pobres son los más generosos. El peso moral de la novela se va dejando sentir a medida que se desarrolla la trama, en la que el autor saca a relucir otros aspectos como la corrupción de los políticos, la pobreza o el consumismo. La grandeza de espíritu de los protagonistas arroja un rayo de esperanza entre tanto egoísmo.

















