Ya conocen la célebre explicación de la no menos famosa teoría del caos: el vuelo de la mariposa en Nueva York puede desencadenar un tifón en el Pacífico por el desorden que introduce el aleteo en la estabilidad atmosférica. Para muchos analistas y filósofos, esta explicación viene a demostrar que todo es caótico porque, en definitiva, nada es previsible, sobre todo a medida que las variables de cualquier otra teoría se multiplican de día en día.
Pero también se podría inferir lo contrario: que del estado caótico puede surgir el orden. Más aún: sería aconsejable desde esta perspectiva que se produzca un caos para volver a la estabilidad. ¿Es eso lo que ha pasado con las elecciones griegas? Del caos de los comicios de mayo hemos pasado ayer -¿o no?- a la esperanza de una estabilidad política en la medida que ahora es posible una alianza entre los conservadores ganadores de la Nueva Democracia y los perdedores socialistas del Pasok, que son los dos únicos partidos que defienden el europeísmo de Grecia. Claro es un decir porque ¿y si el Pasok se niega a formar coalición con los conservadores y prefiere, en última instancia, aliarse con la extrema izquierda antieuropeista? Volvería el caos, claro, pero multiplicado por cien.
En principio, sin embargo, cabe preguntarse qué ha podido contribuir a ese eventual reencuentro de Grecia con la sensatez que ha hecho suspirar de alivio a Europa entera? ¿El miedo a una ultraizquierda antieuropeista o, más bien, la euforia desencadenada por el triunfo de la selección griega ante Rusia? Que los expertos expliquen las variables pero lo cierto es que Angela Merkel pudo acudir a la cita del G-20 en México con la convicción de que Grecia no se saldrá de la Unión Europea. Como consecuencia hoy deberían haber subido las bolsas europeas y bajar en España la prima de riesgo, cosa que no ha ocurrido… ¿Alguien sabe por qué? Más aún: el triunfo de los socialistas en Francia ¿tendrá como efecto un cambio en la política de austeridad para dar prioridad al crecimiento económico? De momento, alguno de los líderes sin l9iderazgo que pululan por Europa ya ha adelantado que ahora se dará más tiempo a Grecia para pagar su deuda con los mercados europeos, siempre que se consiga formar allí un gobierno estable, es decir, no caótico según los parámetros de Bruselas.
Por ahora, en todo caso, el resultado de las elecciones griegas ha permitido a Mariano Rajoy un cierto alivio inicial, no reflejado en la prima de riesgo ni en la Bolsa, lo que acaso le haya encantado al irresponsable Pérez Rubalcaba, sumido todavía en el caos de su reciente derrota electoral… de la que parece estar encantado el sonriente Zapatero. ¿Se han leido -o escuchado- por cierto sus declaraciones a la cadena catarí “Al Yazira” sobre el origen de la crisis española. Según su esclarecida inteligencia, todo se debió a que “se gastó” más de lo que se tenía y se contrajo deduda. ¿Fue él quien se lo gastó o fdue el vecino del quinto? Todavía sigue colgado de la nube de su ineficiencia. Será cosa del su propio caos.
¿Y qué les parece el caos egipcio? Cuando todo hacía prever que los islamistas iban a redactar una Constitución a su antojo e imponer la “charía” como modelo constitucional, el Tribunal Constitucional encuentra un fallo técnico en las últimas elecciones que provocaron la marea verde islamista y, como consecuencia, las Fuerzas Armadas disuelven el Parlamento y asumen todo el poder… mientras los egipcios acudían a las urnas para elegir un nuevo presidente. Así que el sustituto de Mubarak, recién condenado a cadena perpetua, tendrá que asumir su mandato sin contar con un parlamento que lo respalde ni una Constitución que defina sus poderes. Y, como variable, va y se muere el príncipe heredero de Arabia Saudita, un enemigo acérrimo de “Al Qaída”… y gran valedor de los Hermanos Musulmanes egipcios, dentro de ese juego de contradicciones que caracteriza el mundo árabe en el que la dictadura siria se ha empeñado en mantener el caos de una guerra civil latente desde hace meses… para mantenerse en el poder con la ayuda de Rusia y de Irán.
A simple vista parece que son demasiadas las mariposas que están volando en estos momentos no solo en Nueva York sino en buena parte del mundo, porque lo que tenemos entre Europa y el Cercano Oriente es el caos del caos. Pero si es cierto que del desorden supremo puede surgir un nuevo orden, podríamos concluir que, una vez analizadas las variables del vuelo de las mariposas de Nueva York, Europa saldrá fortalecida de su propio caos económico, financiero y político aunque aquí en España tengamos que soportar un aumento del IVA y hasta un nuevo recorte salarial.
Lo previsible para los teóricos del caos es que dentro de tres años, el tifón haya pasado al menos en Europa y que aquí empezaremos a generar empleo… Siempre y cuando las mariposas dejen de volar una temporada o, simplemente, se descubra un insecticida capaz de exterminar todas las orugas neoyorquinas… y las que pronto se transformarán en el mundo árabe, tan cercano, tan incierto, tan caótico. Lo cual, claro, podría desencadenar otro caos por falta de mariposas. Y así hasta el infinito.

















