ABSTRACT
Last week, we commented on the senses of touch and sight; in this part, Marías analyzes the sense of hearing.
Marías considers the hearing as the sense of the environment. That’s because we are all the time surrounded by sounds, we can perceive them around us. From all the sounds, Marías places emphasis on human voice, which is considered by him as “the basis of coexistence”.
On the other hand, Marías underlines the relationship between hearing and Faith. Due to the fact that the sense of hearing is “the primary sense of persuasion”, Marías asserts that “Faith is transmitted to us through the sense of hearing”.
Finally, Marías tells us about the importance of the sense of hearing as a confirmation of what our face says.
Next week, we will comment on chapter XVI.
A continuación nos adentramos en la segunda parte del Capítulo XV: La estructura sensorial del mundo, del libro de Julián Marías Antropología metafísica.
En el anterior post comentamos los sentidos, el tacto y la vista, entendidos por Julián Marías como aquellos que configuran la mundanidad. Y es que “nuestra «mundanidad» comienza sensorialmente. Vemos, tocamos y sentimos las cosas a fin de tomar una cierta posesión de ellas por necesidad y placer”[1].
En esta ocasión trataremos el tercero, el oído es considerado por nuestro filósofo como “el sentido «ambiental» por excelencia. Los sonidos nos circundan, se perciben simultánea o sucesivamente, se funden o se confunden […] La dimensión vitalmente relevante de la audición es la voz humana”[2]. Los demás sonidos quedan en segundo orden; el oído es el sentido de la convivencia. La voz que viene «del otro» no es directamente su cuerpo, aunque sí emana de su corporeidad y está matizada por ella –incluso afectado por su sexo y edad-.
La voz, “es el elemento del «sentido», de la significación, y esto quiere decir de las interpretaciones. Ésta es la función primaria de lo auditivo”[3]. Esa realidad personal que se desprende del cuerpo y viaja hacia los otros, es el emisario de la persona, su voz: el alma. La voz humana no es solo sonido, es palabra. Nuestro filósofo en este capítulo afirma que la audición es el elemento empírico de la convivencia humana.
Todo pensamiento, incluso el solitario, está fundado en el lenguaje y, por tanto, en el oído. En relación al lenguaje Julián Marías afirma que es uno “de los hechos más radicales y profundos […] es un ejemplo especialmente claro de la articulación de lo social en la vida; la otra, porque es el punto de transición hacia otras cuestiones, que suelen presentarse aisladas de su función vital y que urge reintegrar en su dimensión adecuada”[4].
En esta parte del capítulo nuestro filósofo nos ofrece una importante afirmación sobre la relación Oído-Fe, y es que la fe viene por el oído (Fides ex auditu). Esto es así porque este sentido, el oído, es el órgano primario de la persuasión ya que “la voz es personal, hasta el punto de que, cuando acompaña la palabra «circunstancial» yo, le da el valor de nombre propio. En la voz, y por tanto en el oído, se manifiesta la persona como tal, en la otra dimensión que no es la cara. La voz dice lo quiere decir el rostro, que se ve pero también se puede tocar, y es entonces cuando prueba o confirma su realidad, cuando no se limita a «ser» en el sentido de la consistencia, sino que está, en el mundo efectivo”[5].
La próxima semana comenzaremos con la exposición de la primera parte del capítulo XVI: La instalación corpórea.
[1] RALEY, H., Julián Marías: una filosofía desde dentro, Alianza Universidad, Madrid, 1997, pág. 144
[2] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza editorial, Madrid, 1995, pág. 110
[3] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza editorial, Madrid, 1995, pág. 111
[4] MARÍAS, J., Introducción a la Filosofía, Alianza editorial, Madrid, 1981, pág. 223
[5] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza editorial, Madrid, 1995, pág. 111

















