Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- Hace unos años el que esto escribe dejó por escrito, al respecto de la situación por la que entonces pasaba esa institución básica de la sociedad que vivimos que es la familia, lo siguiente: 
“Dice Benedicto XVI, en el discurso “Nueva Evangelización y soporte vital de la familia” que “el verdadero discípulo crece y madura en la familia”, circunscribiendo, así, una socialización básica en el seno de aquella, pues sus reglas de comportamiento interno bien pueden extrapolarse al mundo exterior de la sociedad o, lo que es lo mismo, los valores que pueden enseñarse y aprenderse dentro de la familia son válidos para el resto de la vida en común, con otras personas, ajenas a los miembros de esa iglesia doméstica porque “en el hogar se custodia el patrimonio de la fe; en él los hijos reciben el don de la vida, se sienten amados tal como son y aprenden los valores que les ayudarán a vivir como hijos de Dios” (discurso citado antes)
Sin embargo, si esto es lo que ha de darse, en cuanto miramos lo que se está haciendo con la familia, la división de sus miembros (con el “todo vale” nihilista), la desconceptualización del término “matrimonio” (y me refiero a los que se dan entre homosexuales, sin ser, claro, eso matrimonio); el nulo caso legislativo que se hace de ella en las instancias correspondientes… nos damos cuenta, si no estamos ciegos, que lo que se pretende es, al acabar con este espacio donde la persona se desarrolla íntegramente como tal, pasar a controlar a todo aquel que se incorpore, cuando lo haga, a la sociedad, pues se queda, así, huérfano de proceder porque habrá perdido el horizonte que le ofrece su familia.
Vemos, por ejemplo, volviendo a lo dicho antes, que se tergiversa y falsea la institución matrimonial como muy bien dice la Instrucción Pastoral “La Familia, Santuario de la Vida y Esperanza de la Sociedad”, cuando se aceptan “nuevos y alternativos modelos de familia”, y con esto lo único que se consigue es debilitar hasta hacerla nula la misma idea de matrimonio.”
La cosa, entonces, no parecía ir demasiado bien. ¿Y ahora, cómo está ahora la familia?
A tal respecto, se ha celebrado recientemente (del 25 al 27 de mayo de 2012) el VI Congreso Mundial de las Familias. Se llevó a cabo en Madrid (España) y a la conclusión del mismo se hizo como suele hacerse en estos casos y se emitió una Declaración en la que se recoge lo que sobre la familia es importante y necesario saber.
Se dice, por ejemplo, que hoy día, a fecha de ahora mismo, que “Por desgracia, en nuestros tiempos, los ataques a la familia natural están creciendo en número e intensidad. Las ideologías del estatismo, el individualismo atomista y la revolución sexual ponen en entredicho la esencia del matrimonio y de la familia”.
No parece que hayan cambiado para bien las cosas sino, seguramente, para mal y peor.
Y, sin embargo, el citado Congreso relativo a las Familias, no sucumbió a la desesperanza que sería como obviar la Providencia de Dios y tenerla como inexistente. Por eso, se dejó dicho lo siguiente:
“- Afirmamos que la familia natural, no el individuo, es la unidad fundamental de la sociedad.
- Afirmamos que la familia natural es la unión de un hombre y una mujer a través del matrimonio creada con el fin de compartir el amor y la alegría, engendrar niños, proveer su educación moral, construir una economía doméstica, ofrecer seguridad en tiempos de crisis y unir a las generaciones.
- Afirmamos que la familia natural es un elemento fijo del orden creado, arraigado en la naturaleza humana. La familia natural no puede convertirse en una realidad de nueva creación, ni puede ser re-definida por los entusiastas de la ingeniería social.
Afirmamos que la familia natural es el sistema familiar ideal y verdadero. Si bien reconocemos múltiples situaciones de hecho, los otros “tipos de familia” adolecen de alguna carencia o son meras invenciones del Estado.
- Afirmamos que el vínculo sexual auténtico es la unión matrimonial entre un hombre y una mujer, el único abierto a la natural y responsable creación de una nueva vida.
- Afirmamos la santidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Cada persona recién concebida tiene derecho a vivir, a crecer, a nacer y a compartir un hogar con sus padres naturales unidos por el matrimonio. El aborto, la eutanasia y todas las formas de manipulación de los seres humanos en estado embrionario o fetal, por lo tanto, son ataques contra la vida humana.
- Afirmamos que la familia natural es anterior al Estado y los gobiernos legítimos existen para proteger y apoyar la familia.
- Afirmamos que el mundo es abundante en recursos. El debilitamiento de la familia natural y el fracaso moral y político, y no la “sobrepoblación” humana, han causado la pobreza, el hambre y la degradación del medio ambiente.
- Afirmamos que el verdadero peligro demográfico que afronta la tierra en este nuevo siglo es la crisis de natalidad y el envejecimiento de la población. Nuestras sociedades necesitan más personas, no menos.
- Afirmamos que la familia natural es la principal fuente de prosperidad económica y social y el pilar principal sobre el que asentar la superación de la actual crisis económica mundial.
- Afirmamos que las mujeres y los hombres son iguales en dignidad y derechos innatos, pero diferentes en muchos aspectos. Aunque a veces acontecimientos que escapan al control del individuo (otras veces por una vocación religiosa) lo frustren, la vocación de cada niño es llegar a ser esposo y padre; y la vocación de cada niña es llegar a ser esposa y madre. La cultura, el derecho y la política deberían tener en cuenta estas diferencias.
- Afirmamos que la complementariedad de los sexos es una fuente de fortaleza. Hombres y mujeres presentan profundas diferencias biológicas y psicológicas. Sin embargo, cuando se unen en matrimonio, la combinación se convierte en mayor que la suma de las partes.
- Afirmamos el derecho de los padres a educar a sus hijos para su bien, sin interferencias del Estado.
- Afirmamos que todo ser humano tiene derecho a la libertad religiosa y que la comunidad política debe respetar la libertad de profesar la propia fe, de transmitirla y de educar a los hijos en ella.
- Afirmamos el “salario familiar” ideal que consiste en “una misma remuneración para las mismas responsabilidades familiares”. La compensación por el trabajo, la fiscalidad y la seguridad social deberían fortalecer los lazos familiares naturales.
- Afirmamos el papel necesario de la propiedad privada de la tierra, la vivienda y el capital productivo como fundamento de la independencia familiar y garante de la democracia. En una sociedad justa y buena, todas las familias poseerán bienes inmuebles.”
Siempre queda, pues, la certeza de que lo que hoy pasa a la familia tiene solución si se quiere que tenga y si se tiene la seguridad de que eso es posible.
Acabé, por cierto, el artículo con el que he empezado el de hoy, entonces, diciendo que “Otra cosa es el fin, y no sólo de la familia, sino de una forma de comportarse que, a lo largo de la historia, se ha demostrado como buena, porque lo ha sido y lo es. Y, claro, entonces, de la misma sociedad que ha sido sustentada por este vínculo de cercana vivencia que, por eso mismo, se hace universal: porque es origen de ese todo y de todo eso.”
Y en tales estamos, gracias a Dios.

















