En nuestra diócesis hay más de 20 jóvenes que, después de haber recibido el sí de la Iglesia, esperan estos días a que el próximo día 16 de junio sean ordenados diáconos en la Catedral de Santa María de la Almudena. Acaban para ellos más de 6 años de formación en el Seminario y se aproximan con alegría al inicio de un ministerio –el diaconal- de gran importancia en la Iglesia. 
Juan Barbeito, de 25 años, recibió su llamada a ser sacerdote en una peregrinación a Tierra Santa hace ya 7 años. Reconoce que cuando dejó la carrera de Ingeniería Industrial que había comenzado en la Universidad no sabía qué era un diácono. Hoy nos responde en su habitación del Seminario -prácticamente vacía porque la abandonará el día de su ordenación- a todas nuestras preguntas.
¿Qué es un diácono?
Un hombre que recibe el sacramento del orden en el primer grado y que se prepara para recibir el segundo grado, el presbiteral, el año que viene.
¿Es un compromiso definitivo?
Sí, porque el sacramento te marca con un sello que permanece para siempre. De todas maneras, a diferencia de los diáconos permanentes –que pueden estar casados y que llevan una vida más común-, yo no estoy llamado a ser diácono para siempre, sino sacerdote.
¿Cuánto te falta para ordenarte sacerdote?
Un año de diaconado; es lo que llamamos de broma “el año de prácticas”. 
¿Qué hace un diácono? ¿Cuáles son las tareas que vas a desarrollar en la parroquia a partir del día 16?
Podré administrar los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio; también podré bendecir, proclamar el Evangelio y predicar en las Eucaristías y presidir las exequias.
¿Dónde estás destinado?
Ya durante el sexto año en el Seminario he estado destinado en la parroquia de Nuestra Señora de la Moraleja (Alcobendas), viviendo allí los fines de semana y conociendo todas las actividades que se realizan; tanto este año de diaconado como a partir de la ordenación sacerdotal seguiré sirviendo en esta parroquia.
¿Qué es lo que más te ilusiona de esta etapa?
Como a partir de la ordenación comenzamos a vestir de negro –con el clergyman-, me ilusiona saber que voy a ser un testimonio directo de la Iglesia para la gente y que la gente va a acudir a mí por lo que represento.
¿Cómo valoras los años que has pasado en el Seminario?
Con mucha gratitud y como un cambio radical en mi vida; durante tantos años de oración, estudio y preparación puedo decir que Dios me ha ido verdaderamente preparando para el sacerdocio
Te hemos visto muy cerca del Papa en su última visita a Madrid. ¿Qué es lo que más te impresionó de la JMJ?
Tuve la gran suerte de poder ayudar en la Misa que tuvo el Papa con los seminaristas en la Catedral. Me tocó ser “libro” y gracias a eso pude estar sólo con el él y otras dos personas en la sacristía mientras se revestía para la celebración. Me impresionó la piedad con la que se preparaba el Santo Padre mientras se oían gritos de fondo de “¡viva el Papa!”
¿Qué les dirías a los chicos que se plantean la vocación?
Pues que esto es una “pasada” y que si no se sienten capaces de ser sacerdote, ¡es el síntoma más claro de que tienen vocación!

















