ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)
CONVERSATION BETWEEN BELIEVERS AND NON-BELIEVERS

CONVERSACIONES. Capítulo XV. “La estructura sensorial del mundo”

 

ABSTRACT

In the beginning of this chapter, Marías classifies the senses. For him, the senses have a clear hierarchy, so three are the senses which, in a primary way of understanding, form the world: touch, vision and hearing.

On the one hand, Marías analyzes the touch: it is the sense that allows us to possess things through our hands and also confirms our vision.

On the other hand, Marías also analyzes the sense of the vision. For him, the vision allows us to understand the world as a context, so all things we can see in our field of vision are connected between them. That’s why Marías says that the vision is structured as a perspective. The vision also allows us to associate visible and invisible things, as well as to understand how the time is organized (for example, trough the vision, we can differentiate day and night). Marías finishes this part saying that a blind person also has “visual world”, a world which cannot be understood in a physiological way but through the eyes of other people”.

 

In the second part of this chapter, we will study the last of these three senses: the hearing.

 

 

A continuación nos adentramos en la primera parte del Capítulo XV: La estructura sensorial del mundo, del libro de Julián Marías Antropología metafísica.

 

La primera afirmación de Julián Marías en este capítulo es que los sentidos tienen una clara jerarquía; no se le da la misma importancia a la vista que al olfato, ni se teme igualmente su pérdida. El olfato es el sentido que nos trae noticias de nuestro ser más primitivo y cercano al animal; hoy, de hecho, lo descalificaríamos, pero en un momento de nuestra historia ha sido el inicio de la vida humana. Es por ello que “en un mundo primitivo, casi vacío de hombres, sin técnica, lleno de especies animales hostiles y mucho más poderosas, es verosímil que el olor ha sido el rasgo decisivo para la ordenación vital y pragmática de las realidades”[1].

Tres son los sentidos que configuran la mundanidad tal como primariamente la entendemos: tacto, vista y oído. O lo que es lo mismo: realidad, mundanidad y significación.

El primero de ellos, el tacto. Se presenta como la instancia decisiva, pues es real aquello que se puede tocar. Es el órgano de la posesión de las cosas por medio de las manos hasta la «posesión sexual» o el comer, que implica más que gustar. La Luna era un objeto visual, hasta que ha sido poseída por el hombre; ha pasado de ser intangible al mundo táctil del hombre, ha recibido la suprema confirmación de la realidad. El tacto viene a confirmar o poseer lo que hemos visto por asociación visual, de ahí la importancia de la vista que ahora veremos. En relación al sentido del tacto, Julián Marías afirma que a través de la caricia “el cuerpo acariciado se interpreta como cuerpo personal. Incluso cuando se acaricia a un animal, se lo está «personalizando», y la consecuencia puede ser el extraño «contagio» de la condición humana que algunos animales experimentan, y que los hace rebasar en alguna dimensión su mera animalidad”[2].

No es un sentido de «cosas» y sí es un sentido de la mundanidad. Los sentidos nos sirven para descubrir. La vista, en cambio, “nos da una pluralidad de elementos simultáneamente, y no como suma o conjunto, sino como contexto. Los ingredientes de lo que vemos aparecen ligados por un sistema de relaciones mutuas dentro de una campo visual anterior a cada uno de ellos”[3].

Todo ligado por un sistema de relaciones mutuas dentro de un campo visual anterior a cada uno de ellos. La vista va más allá de los objetos para ir a su contexto o campo visual; las cosas vistas están en el campo visual, unas con otras, en contexto. La visibilidad supone una organización de ingredientes. La perspectiva es la estructura misma de la visión real. El campo visual está organizado perspectivamente: es el carácter de la mundanidad. La vista hace presentes las cosas que están ausentes para los otros sentidos, las hace positivamente lejanas: lo que no está aquí sino allí. La visualidad nos proyecta hacia lo que se ve y, también, hacia lo que no se ve, lo visible se asocia siempre a lo invisible. Lo latente es una categoría vital y no preceptiva, tiene un significado primariamente visual, la visión es el «modelo» interpretativo de esa categoría vital. Cuando vemos las tinieblas, no es que no veamos, es que vemos que no se ve. La vista nos da la estructura empírica del tiempo; le aporta la articulación: la experiencia del día y la noche que nos conducen a la idea de «días contados», y, a través de ella, de la finalidad temporal de la vida, de la memoria, la anticipación y la proyección. Aquí podemos hacer referencia al carácter futurizo del hombre, ya desde edad temprana se proyecta hacia el futuro. Este carácter humano da sentido al concepto de ilusión, la cual está ligada “estrechamente a la condición de la vida humana, fuera de la cual no puede existir, y dentro de la cual no se da o se desvanece tan pronto como se produce un «olvido» de lo personal, tan pronto como la vida experimenta algún grado de «cosificación»”[4].

Volviendo al tema de los sentidos, el ciego vive el mismo mundo, pero con la estructura visual de los ojos de los demás, “porque en términos vitales –no sensoriales, fisiológicos o psíquicos- el ciego tiene un mundo visual. El ciego está en una detalle hace algunos años; es esta misma investigación ha aparecido de cosas físicas percibidas sensorialmente, sino de realidades humanas interpretadas por la sociedad; es una realidad histórica y social”[5].

 

La próxima semana continuaremos con la exposición de la segunda parte de este mismo capítulo XV: La estructura sensorial del mundo.



[1] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza editorial, Madrid, 1995, pág. 106

[2] MARÍAS, J., Mapa del mundo personal, Alianza editorial, Madrid, 1994, pág. 44

[3] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza editorial, Madrid, 1995, pág. 108

[4] MARÍAS, J., Breve tratado de la ilusión, Alianza editorial, Madrid, 1997, pág. 43

[5] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza editorial, Madrid, 1995, pág. 110