El corazón insatisfecho del hombre es el mejor aliado de la Iglesia frente al invierno demográfico y a la crisis moral y de fe que atraviesa Europa. Ahí está también la piedra angular para la construcción de una sociedad auténticamente humana. Lo hizo ver el cardenal italiano Angelo Bagnasco en nombre de los obispos europeos, al presentar un estudio sobre la crisis de la natalidad en Europa hecho público en el Encuentro Mundial de las Familias de Milán. El anfitrión, cardenal Ángelo Scola, subrayó que esta defensa de la familia es «una contribución determinante para la sociedad del presente y del futuro», aunque en primer lugar lo sea para cada persona, a la que se le muestra el camino para una vida realizada. De eso ha querido dar testimonio el Encuentro de Milán.
Ha sido la séptima edición de una iniciativa que ha demostrado ser profética en un tiempo histórico marcado por una profunda desorientación moral, cuyos síntomas se manifiestan dramáticamente en el ámbito familiar. Benedicto XVI ha cuidado de forma especial la preparación de este Encuentro, convencido de que la nueva evangelización y la revitalización de la familia son dos caras de la misma moneda. Por eso, aunque termine ahora el Encuentro, estamos ante el pistoletazo de salida de una misión de las familias. Es lo que les pide el Papa, que anima a las familias a tomar conciencia de la importancia de su papel en la Iglesia, y a dar testimonio de su fe ante el mundo.

















