Para que el mal prolifere basta con que los buenos no hagan nada (Edmund Burke)

El fin del mundo…

¿Creen ustedes en la “profecía” maya según la cual el fin del mundo ocurrirá el 21 de diciembre de este año 2012? Ahora que el planeta Venus se dispone a pasearse delante del Sol, ha saltado a la actualidad la última teoría sobre la interpretación del calendario maya que trae de cabeza a decenas de supuestos científicos de todo el mundo, desde hace años. Según los hermanos Bohm, dos astrónomos alemanes de cierto renombre, los últimos estudios que han publicado en la revista “Astronomische Nachrichten” sobre los enigmáticos ciclos del ya célebre calendario, demuestran que los cálculos iniciales sobre la fecha antes citada, estaban equivocados y que, en realidad, el fin del mundo se situaría en el año 2116, es decir, justo cuando se repita el fenómeno de la aparición de Venus delante del Sol, qué cosas…

La coincidencia -¡oh!- ha suscitado ya una oleada de nuevas especulaciones que da idea de la magnitud de la estulticia humana y hasta científica, tan preocupada por datar el fin del mundo. Como la lectura del Apocalipsis de San Juan se presta a toda clase de especulaciones que ya experimentaron su fracaso con el paso de los milenios, las nuevas teorías se basan en la convicción que tenían los mayas de que el mundo que conocemos nació exactamente el 11 de agosto del año 3114 antes de nuestra y que coincidió, oh curiosidad de las curiosidades, con la aparición de Venus en el firmamento, aunque ya se habla de nuevas teorías que sitúan esta referencia mucho tiempo atrás.

El caso es que todos los estudios sobre la fatídica –o espléndida, quien sabe- fecha del 21 de diciembre de 2012, parten de esa teoría, basada en la lectura de una inscripción descubierta en el monumento maya de Tortuguero, así como de los ciclos de años, de cuenta corta y larga que aparecen los dos calendarios utilizados por nuestros antepasados mejicanos. Por supuesto, no han faltado algunos estudiosos que han negado toda base científica a las múltiples interpretaciones que se han hecho en torno a la fecha anunciada del fin del mundo. Pero otros se las han tomado muy en serio, como es el caso del epigrafista norteamericano Davit Stuart, de la Universidad de Texas en Austin, y según el cual, después de un exhaustivo análisis de la terminología utilizada por los mayas para calcular el paso de los años, ha llegado a la conclusión de que, en realidad, sumados todos los ciclos cortos y largos de los tiempos, los astros, los aniversarios de los reyes y demás mitos y supersticiones, el fin del mundo llegará ciertamente, pero dentro de, tomen nota, ¡setenta y dos mil millones de millones de años! Curiosamente los astrofísicos modernos han sido más modestos en sus cálculos ya que hacen coincidir el fin del mundo –o al menos de nuestra galaxia- con la extinción de la energía del Sol, algo que ocurrirá dentro de siete mil millones de años nada más, es decir, dos mil millones después de otra fecha que ya ha anunciado la NASA a todo trapo con la “colisión” de la Via Láctea con la galaxia de Andrómeda. Pero no desesperemos: pronto se pronosticará algún fenómeno capaz de reunificar todos los continentes en uno solo y la desaparición de las aguas, algo que ya concibieron también los mayas, fuente inagotable, según parece, de nuevos hallazgos telúricos.

Renuncio de antemano a intentar siquiera una somera recapitulación de los cálculos del Dr. Steart, basados en el análisis del calendario ritual maya, conocido como “zolkin” que contaba 260 días por año y de otro calendario llamado “haab” que contenía 360 días a los que se añadían cinco para completar el año solar, nada desconocido de los mayas. La teoría de Stuart, en todo caso, tiene en cuenta el error de interpretación de los supuestos ciclos de vida terretre de 5.125 años que, en realidad, solo determinaban una especie de “renacimiento” del mundo. Este error es el que nos ha llevado al 21 de diciembre de 2012 que, en el peor de los casos, solo supondría el comienzo de un nuevo ciclo que para muchos, tiene el valor de una especie de refundación espiritual y quién sabe si económica.

Así llegamos a una nueva teoría a la que me apunto con entusiasmo, sin necesidad de estudiar los calendarios mayas, ni aztecas, ni siquiera incas o zoroastrianos. El 21 de diciembre de 2012 puede ser la fecha en que ocurra algunas de estas hipótesis: el fin del euro y del sueño europeo junto al comienzo de la guerra contra Irán; la implantación progresiva de un nuevo “way of life” basado en la austeridad y la recuperación de las virtudes eternas como contrapartida a la última batalla que dará la cultura laicista de la muerte; el cierre de los bancos arruinados y la estampida de las grandes fortunas antes de ser declaradas fuera de la ley y quedarse sin paraísos fiscales, and so on

En realidad, todo esto, junto con la expansión del salafismo, ha empezado ya, sin anuncios proféticos ni calendarios exóticos. Para nosotros los católicos, con apoyo del Año de la Fe que se inicia dos meses antes de la fecha tantas veces visitada en Internet, lo que comienza es el reto de la nueva evangelización que, eso sí, marcará el comienzo de un ciclo de vida nueva… antes de que a cada uno nos llegue nuestro particular fin del mundo, que por cierto, no está sujeto a ninguna fecha determinada por ningún calendario. ¿Se apuntan?