La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
PARA AMPLIAR LA MIRADA A MUJERES, IGLESIA Y MUNDO

El periódico del Vaticano incorpora un encarte en femenino

Por primera vez en una historia ultracentenaria, desde ayer  el diario del Vaticano que dirige Gian Maria Vian, “L’Osservatore Romano” publicará, en el número del último jueves de cada mes, un encarte femenino. Se trata de cuatro páginas a todo color, ideadas y realizadas, como dice su director, “con pasión y gentil determinación por algunas colegas, a fin de ampliar la mirada del periódico de la Santa Sede a mujeres, Iglesia, mundo”.

Así se titula esta nueva iniciativa, abierta a una realidad fundamental en la tradición cristiana y que quiere idealmente extenderse a círculos cada vez más amplios, con un respiro internacional y también más allá de los confines visibles del catolicismo mundial. Gracias además a la colaboración de firmas no católicas.

Añade el periódico en la presentación de este encarte, que la investigación histórica está mostrando cuánto debe al cristianismo, desde sus orígenes, la emancipación y la promoción de la mujer, a pesar de contradicciones en los siglos debidas sobre todo a los contextos culturales, y hoy a persistentes prejuicios. Y aunque la presencia femenina en la Iglesia haya parecido en algunos períodos en la sombra, no por esto ha sido menos importante. Además en la segunda mitad del siglo XX el reconocimiento de este componente por parte de la Santa Sede se hizo más decidido, como en 1963, cuando el nuevo protagonismo de la mujer en las sociedades, sobre todo de tradición cristiana, fue reconocido por Juan XXIII como uno de los “signos de los tiempos”.

Será después Pablo VI quien invite, en 1964, con una decisión sin precedentes, a algunas mujeres a tomar parte en el Concilio Vaticano II y quien proclame en 1970 doctoras de la Iglesia a dos santas como Catalina de Siena y Teresa de Ávila; seguido de Juan Pablo II, quien lo mismo hará con Teresa de Lisieux en 1997; y de Benedicto XVI, quien ha decidido esta solemne definición para una de las mujeres más grandes del medioevo, Hildegarda de Bingen, confirmando una presencia irrenunciable y preciosa en la Iglesia de Cristo.

El encarte sitúa explícitamente la nueva iniciativa bajo el signo de María, la criatura humana más perfecta, que ante el misterio de su hijo, revelación definitiva, “confrontaba todas estas cosas en sus corazón”. En el evangelio de Lucas la expresión recuerda la reflexión que, en la versión griega de la Escritura hebraica, suscitan los sueños de José y de Daniel. Pero con el añadido de un verbo, que acentúa el protagonismo silencioso de María, quien se abre a la única realidad que cuenta.