La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Corazón, Sagrado, de Jesús

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- “¡Oh Corazón amantísimo de Jesús!, coronado por la Santa Cruz, árbol frondoso que se nutre con tu Sangre Preciosísima!; en unión de todos los Santos y almas fervorosas que en todos los tiempos y lugares te han amado, te adoro, te amo con todo mi corazón; y para darte una prueba más patente de mi afecto, renuevo y te ofrezco las promesas que hice en el santo Bautismo, prefiriendo tu gracia y tu amor a todas las riquezas de la tierra. Dame, en cambio, Señor, los verdaderos tesoros y riquezas celestiales, que son las virtudes de tu divino Corazón que, como flores olorosas brotan al pie de tu Cruz, rociadas y regadas con tu preciosa Sangre. Amén.”  

Esta oración la dedicamos los católicos al Sagrado Corazón de Jesús porque lo consideramos esencial para nuestra fe y, así, para nuestra creencia. Y también dedicamos, muy especialmente, el mes de junio a recordar, aún más, la tal esencia.

 

¿Qué podemos entender que es el Corazón de Jesús, Sagrado, para nosotros?

 

Respondiendo con franqueza (si así lo hacemos) algo de lo que debería suponer para nosotros el amor que debemos al Sagrado Corazón de Jesús.

 

Así, el amor es la ley suprema del Reino de Dios. Por eso, cuando alguna persona acepta el Corazón de Jesús como algo propio no puede, por menos, que hacer, de aquella una pauta que determine su forma de ser y actuar.

 

El Amor ha de suponer mucho más que una expresión de bondad. Ha de suponer, por ejemplo, comprensión hacia el otro, manifestación de acercamiento a quien necesita no sentirse abandonado en una sociedad que, como la que nos ha tocado vivir, olvida enseguida a quienes no les es favorable la circunstancia por la que pasan.

 

El Corazón de Jesús exige, también, renunciar a lo que, muchas veces, tenemos como bueno y mejor cuando, en el mejor de los casos, no es más que la expresión de un proceder mundano y muy alejado de lo que Dios ha de querer para su descendencia.

 

Jesús renunció a una existencia terrena porque estaba en la seguridad de ser útil al Plan de Dios para su creación; renunció desde su corazón porque era lo que el mismo le pedía… y era sagrado. Y lo hizo a sabiendas de lo que le iba a suceder.

 

Además, el sentido de la expresión “dar la vida por los amigos” y el significado de que es lo mejor que cualquiera puede hacer en la vida es, por decirlo así, la más acertada forma de dar a entender lo que es entregarse por los demás.

 

Como corresponde a un corazón que se da porque quiere hacerlo, quien se entrega al Corazón de Jesús no tiene por más importante su vida que la de los demás ni puede tener límite en darse.

 

No podemos dejar de lado una realidad espiritual que es fundamental para los que creemos en Dios y tenemos a Su Hijo como Dios mismo hecho carne y es el hecho de que Dios tiene “entrañas de misericordia”  que es como se le llama a las del Creador en el Antiguo Testamento. Esto no puede otra cosa que la puesta en práctica  de todo lo hasta aquí dicho.

 

No es poco cierto, sin embargo, que el Corazón de Jesús también es cruz porque en ella padeció por nosotros. Si nos ganó la salvación eterna no hay que entender de tal realidad espiritual que todo lo que nos rodea esté exento de problemas y de circunstancias tristes; también es cruz porque nosotros la escogemos como compañera de viaje. Otra cosa sería no hacer lo que Jesús nos dijera acerca de que debíamos tomar nuestra cruz y seguirlo.

 

Consagrar nuestro corazón al suyo supone o, mejor, tiene consecuencias que no podemos tener por poco importantes porque quien dice «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré» sabe que, sin duda acudiremos pero que también actuaremos en consecuencia con lo que eso supone.

 

Sagrado Corazón de Jesús, amor del Padre

que siempre nos acompaña,

sangre dulce y gozosa que recorre

nuestra entraña,

virtuoso hacer en nuestra vida.

Sagrado Corazón de Jesús

que es dicha y es esperanza,

ayúdanos en la tribulación

y en la desazón sé vida.

 

Amén.