ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

Género de maldades

Miguel A Espino Perigault. Analista Político Internacional (Panamá).- La expresión “ideología de género” es un término polisémico: se puede entender  de diferentes maneras. Pero,  quienes  lo utilizan como consigna y arma  política   coinciden en que se trata de   una manifestación de la cultura –el género-,  relacionada con la sexualidad y  los roles que hombres y mujeres desempeñan en aquella. Como cultura, se puede cambiar y crear. Las diferencias entre los sexos no se consideran importantes. Lo importante  es el género, que se puede crear.  

El aspecto más dramático y, ciertamente, inhumano, es con relación a los niños, víctimas posibles de manipulaciones  distorsionadoras de  su personalidad en formación.     Lucy Gilber y Paula Webster (The danger of feminity: gender differences: Sociology or biology?), señalan que
“Cada niño se asigna a una u otra categoría   en base a la forma y  tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta designación uno es femenino o masculino. Aunque muchos creen  que el hombre y la mujer son una expresión natural de un plano genético, el género es producto de la cultura y del pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo”. (www.conelpapa.com/ideologia/ideologia.htm).

Veamos algunas realidades que resultan de la aceptación de esa ideología  que feministas y homosexuales exigen para interpretar   todos los documentos políticos existentes y los que proponen a la sociedad para alcanzar privilegios “de género”.  Privilegios  alentados por  las   Naciones Unidas, con miras al Nuevo Orden Mundial  que impulsan e imponen.
Como en esa ideología    el sexo no es lo  que debe definir  el rol del ser humano en la sociedad, sino el género, a los niños y niñas,  se les enseñaría en  las escuelas, sin que los padres puedan intervenir efectivamente,  que  ellos, desde la infancia,  pueden optar “libremente”   (empujados un poco) por el papel de mujer o de hombre en la sociedad, no importa el sexo con el que han nacido. Y como  los niños no están en capacidad de entender, son los maestros quienes “construyen” el género –hombre o mujer- en las mentes inmaduras de los infantes, con las guías  establecidas en los nuevos programas educativos, infectados de la ideología de género.

No son nuevas estas medidas que lesionan a la dignidad humana.  Las impusieron a sus pueblos  y a otros, Hitler y Stalin, el siglo pasado, al crearselas antinaturales culturas de la raza superior, del primero,  y del igualitarismo, del segundo.

Podríamos preguntarnos si  existe diferencia significativa alguna  entre robar niños para dedicarlos a la esclavitud sexual, o  robarlos para convertirlos en  esclavos de la  desorientación sexual.  En ambos casos los ejecutores “construyen”    sobre las débiles víctimas infantiles un nuevo estilo de vida, un  género, correspondiente a la cultura (más bien subcultura)  impuesta  para     cumplir un rol como esclavos sexuales, en el primer caso o, en el segundo,   como miembros forzados de una comunidad sexualizada cuyos integrantes   se sustraen a la ley natural.
Mediante  supuestos derechos especiales, que han logrado el feminismo  y el homosexualismo  políticos internacionales, con el apoyo de las poderosas industrias del aborto y los anticonceptivos, en numerosos países se han adoptado leyes favorecedoras a los movimientos de género. Se refieren a la  “salud sexual y reproductiva”, educación sexual, esterilización,   el  aborto irrestricto;   el “matrimonio homosexual”;   la “orientación sexual”,  la “identidad de género”, y todo lo que se les ha ocurrido.

Este escenario  existe  en numerosos países. En América,  sucede en    Canadá, el Reino Unido y algunos estados de la Unión Americana. La ideología infecta a Argentina, Brasil y México. En Panamá, nos las anuncian reformas constitucionales y proyectos de leyes sobre salud sexual y derechos especiales para  “minorías sexuales”. No deben pasar.