La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Papa recuerda que «el Espíritu Santo nos guía hacia Dios»

Benedicto XVI presidió ayer en la Basílica vaticana la Eucaristía en la festividad de Pentecostés, concelebrada por 40 cardenales y 50 obispos. En su homilía el Papa se refirió al “misterio” de esta solemnidad, que constituye, dijo, el “bautismo de la Iglesia”, “la forma inicial”, “el impulso para su misión” . 

Destacando que “el Espíritu Santo nos guía hacia las alturas de Dios, para que podamos vivir ya en esta tierra el germen de la vida divina que está en nosotros”. Y recordó, como afirma san Pablo, que en efecto, “el fruto del Espíritu es amor, alegría y paz”, el Papa subrayó que «Pentecostés es la fiesta de la unión, de la comprensión y de la comunión humana. Todos podemos constatar cómo en nuestro mundo, aun si estamos cada vez más cercanos unos de otros con el desarrollo de los medios de comunicación, y las distancias geográficas parecen desaparecer, la comprensión y la comunión entre las personas muchas veces es superficial y difícil».

También ha hablado de la historia de la construcción de la Torre de Babel: «Mientras los hombres estaban trabajando juntos para construir la torre, de repente se dieron cuenta que estaban construyendo el uno contra el otro. Mientras trataban de ser como Dios, corrían el peligro de no ser ni tan siquiera hombres, porque habían perdido un elemento fundamental del ser personas humanas: la capacidad de ponerse de acuerdo, de entenderse y de actuar juntos.» Este pasaje bíblico, ha observado el Santo Padre, «lo podemos ver a lo largo de la historia, pero también en nuestro mundo. Con el progreso de la ciencia y de la técnica hemos alcanzado el poder de dominar las fuerzas de la naturaleza, de manipular los elementos, de fabricar seres vivos, llegando casi hasta al mismo ser humano».

Así, manifestó que «en esta situación, orar a Dios parece algo superado, inútil, porque nosotros mismos podemos construir y realizar todo aquello que queremos. Pero no nos percatamos de que estamos reviviendo la misma experiencia de Babel.
Hemos multiplicado las posibilidades para comunicarnos, informar, pero ¿podemos decir que haya crecido la capacidad de comprendernos? se ha preguntado el Papa, ¿Puede haber verdaderamente unidad y concordia entre nosotros? Y ha añadido que «La unidad puede existir solamente con el don del Espíritu de Dios, el cual nos dará un corazón nuevo y una lengua nueva, una capacidad nueva de comunicar. Esto es lo que se verificó en Pentecostés. Aquella mañana, cincuenta días después de la Pascua, un viento impetuoso sopló sobre Jerusalén y la llama del Espíritu Santo descendió sobre los discípulos congregados, se posó sobre cada uno y encendió en ellos el fuego divino, un fuego de amor, capaz de transformar. Y así, ha explicado Benedicto XVI, desapareció el miedo, el corazón sintió una fuerza nueva, las lenguas iniciaron a hablar con franqueza, de modo que todos pudieran comprender el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado. En Pentecostés, donde había división y enajenamiento, nacieron unidad y comprensión. Jesús, hablando del Espíritu Santo, nos explica qué es la Iglesia y cómo debe vivir para ser lugar de unidad y de comunión en la Verdad».
Añadió que «no podemos ser, a la vez, egoístas y generosos, seguir la tendencia de dominar sobre los demás y sentir la alegría del servicio desinteresado” y que «debemos siempre elegir cual impulso seguir y lo podemos hacer en modo auténtico solamente con la ayuda del Espíritu de Cristo. El Espíritu Santo nos guía hacia las alturas de Dios, para que podamos vivir ya en esta tierra el germen de la vida divina que está en nosotros. A la dispersión de Babel se contrapone la unidad de Pentecostés».