ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)

¿Privilegios la Iglesia?

De bochorno puede sólo calificarse el espectáculo que ofrecido por la mayoría de grupos en la Comisión Constitucional del Congreso. Se debatió y rechazó una proposición no de ley para revisar «los beneficios fiscales» de la Iglesia y promover su «completa autofinanciación». El gran escándalo es que, a excepción del Grupo Popular, todos los grupos insistieron en la falsedad de presentar el trato que recibe la Iglesia como privilegio. Entre Amaiur, el PSOE o Izquierda Unida, hubo coincidencia en exigir a la Iglesia que «contribuya en esta situación de crisis», según la expresión del portavoz socialista. En el otro bando UPyD, CiU y PNV, pese a votar en contra o abstenerse, no renunciaron a arrojar alguna que otra carga de profundidad. Sólo el popular Eugenio Nasarre dijo claramente que no es cierto que haya trato fiscal de privilegio para la Iglesia: el sistema es el mismo que se aplica a otras organizaciones sin ánimo de lucro, precisamente para facilitar su contribución a la sociedad.

Tampoco es cierto que se destine una asignación presupuestaria a la Iglesia. Quien lo desea dedica parte de su Declaración de la Renta a ese fin. La aportación es voluntaria, a diferencia de lo que sucede con partidos o sindicatos. Y a la hora de la verdad, cuando alguien está en apuros, no acude a esas organizaciones sino a la Iglesia, donde todos encuentran siempre acogida y la ayuda que es posible dar. La Iglesia hace eso por amor a Jesucristo, no por el aplauso de los partidos. Pero a esos partidos, al menos, habría que exigirles un respeto.