Esta competición futbolística tiene la gracia de que participan en ella todos los equipos españoles de primera y segunda categoría, clubes ricos y modestos que se reparten por toda España. Se trata de un torneo en el que se muestran los mejores valores de superación deportiva por encima de la especulación económica. Así se han descubierto a lo largo de la competición equipos que han rozado el milagro de llegar cerca de la final, como el modestísimo Mirandés. Mezclar con esta muestra tan democrática y tan deportiva las furias nacionalistas es un despropósito además de una contradicción ya que el premio es una Copa que entrega el rey como símbolo de la unidad española. Dejemos a un lado las miserias de una minoría, que el partido se juegue, que gane el mejor y que la natural pasión del fútbol se imponga sobre la artificial pasión ideológica que algunos tratan de inducir.

















