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"Cada familia es un santuario de vida"

Julio y Dora Lleana Antillón, coordinadores de la Comisión de Pastoral Familiar de la Conferencia Episcopal de Guatemala: «La familia que reza unida permanece unida»

Paloma Fernández Cárdenas-. Julio y Dora Lleana Antillón son un matrimonio coordinador de la Comisión de Pastoral Familiar de la Conferencia Episcopal de Guatemala, ambos preparan a las parejas para recibir el Sacramento del Matrimonio, para ellos la familia y el matrimonio es un «laboratorio de humanidad».

Casados desde hace 40 años, son felices ayudando y ofreciendo su tiempo a este servicio. Desde Guatemela han querido compartir y ofrecer desinteresadamente su testimonio de vida en la página web del EMF de Milán.  Julio y Dora lo tienen claro, «la familia que reza unida, permanece unida». Los padres, explican, somos una parte muy importante de la vida espiritual de nuestros hijos y esta es una gran responsabilidad que, si la llevamos adelante con alegría y participación, se convierte en una tarea fácil de llevar a cabo.

Para ellos el amor es la brújula que nos debe guiar para que nuestros hijos aprendan a amar, aunque dejan claro que esto no podría ser posible si la presencia del Señor. «Durante muchos años hemos tenido el privilegio de preparar a parejas para recibir el Sacramento del Matrimonio. Mientras crecíamos en este maravilloso apostolado, hemos descubierto que la Iglesia requiere que cada matrimonio realice ciertas “tareas” para construir la familia y la Iglesia al mismo tiempo, debiendo luego luchar contra una sociedad que querría dejar a un lado los valores humanos y cristianos. Si todas las parejas, desde el momento en el que deciden unir sus vidas para envejecer juntos, se concienciasen de estas tareas, se evitarían tantas decepciones y no perderían el tiempo en cosas que carecen de valor. Pero nunca es demasiado tarde para dedicarse a estas ocupaciones».

Julio y Dora tienen dos hijos y explican que cada hijo es una materia prima con la que se debe hacer una obra de arte y el testimonio de un matrimonio unido es el mejor instrumento para conseguirlo. «El hogar es el lugar donde se respeta y fomenta la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Cada momento de la vivencia familiar hace que los vínculos sean más fuertes y que siempre se desee volver a este “puerto” donde cada integrante se siente querido y protegido, sin interés, sino por el mero hecho de formar parte de la familia. Debemos esforzarnos para que nuestro hogar sea un santuario de vida».

La familia que reza unida permanece unida

La familia es una pequeña Iglesia doméstica, por eso este feliz matrimonio comenta que es muy gratificante entrar en una casa y ver la imagen de nuestra Madre, un crucifijo o tantas otras manifestaciones del hecho de que estamos en casa, en una casa donde el Señor forma parte de la familia. «Estas manifestaciones por desgracia están desapareciendo, pero convirtiendo nuestra casa en una pequeña Iglesia, contribuimos mucho más a la formación católica de nuestros hijos».

La familia es también, explican, una escuela de socialización. «Si cada pareja, cada familia, asumiese estas ocupaciones, tendríamos una sociedad mejor y una Iglesia más fuerte… las parejas jóvenes están más preocupadas por conseguir una estabilidad económica, por conseguir un puesto en la sociedad, y muchas otras “cosas” que, en vez de unirlos, los separan. Y el síntoma común: la falta de tiempo para acercarse a Dios, fuente de amor y fortaleza».

Finalmente Julio y Dora cuentan que como familia han vivido bonitos momentos y otros no tanto. Cuando se encontraron con Dios, cuentan, ÉL transformó completamente su matrimonio.