La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El discurso de Don Juan Carlos

La mutación social pasa por el peregrinaje a través de las secciones de los periódicos. Uno de los síntomas del estado actual de la denominada información religiosa es que no encuentra su hueco en los medios impresos diarios. De la autonomía pasó a la heteronomía; de la Religión pasamos a la sociedad, y de ahí a dar vueltas por entre las más diversa secciones, para recalar, por desgracia, en las páginas de sucesos o en las páginas rosas. Algo así le está ocurriendo a la monarquía.

Días atrás se ha publicado un libro ilusionante, para estos tiempos confusos, en los que preocupa España, pero en los que no se piensa tanto en y sobre España desde España. El libro es del sacerdote Enrique González y se  titula «Pensar España con Julián Marías». El que fuera secretario del filósofo durante sus últimos años nos ofrece un muy bien construida síntesis del pensamiento de Marías sobre España, muy pegado a su «España inteligible».

Merecen especialmente la pena los capítulos dedicados al proyecto cristiano de España y a la Universitas Christiana. Del primero voy a transcribir, con perdón de los lectores, un texto que, al menos para mi sorpresa, representa una novedad. Y lo es por el hecho de que señala a Julián Marías como redactor de un importante discurso del rey Juan Carlos que, en este agitado presente, no conviene olvidar.

Dice así, en la página 82: «Cuando se habla de los Reyes Católicos suele pensarse en la Contrarreforma, en la lucha contra los protestantes, y se identifica este título con una fracción de la Cristiandad, sin reparar en que fue concedido por el Papa Alejandro VI antes de la división de los cristianos, como el Rey Don Juan Carlos dijo en su discurso de bienvenida al Papa Juan Pablo II en 1982, palabras que fueron redactadas por el propio Julián Marías, y que por ello no podemos dejar de citarlas (…)».

En el libro de Julián Marías, «La Corona y la comunidad hispánica de naciones», leemos: «La identificación con el cristianismo es lo que confiere la verdadera «reputación», el prestigio de España y de sus monarcas. Esto es lo que nunca comprendió el resto de Europa, lo que en cierto momento dejaron de entender los propios españoles». España da que pensar.

José Francisco Serrano Oceja