La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
En la festividad de San Isidro Labrador

El cardenal Rouco afirma que «las crisis se superan con la entrega de personas honradas movidas por la caridad»

Paloma Fernández Cárdenas-. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidió este martes en la Colegiata de San Isidro, una solemne Eucaristía en honor del patrón de Madrid. En su homilía el cardenal aseguró que todas las crisis de las sociedades y los pueblos han sido y serán superadas «por la acción y la entrega de personas honradas, sacrificadas, laboriosas y movidas por la caridad».

La Eucaristía estuvo concelebra con los obispos Auxiliares de Madrid, monseñor Fidel Herráez y monseñor César Franco; el Cabildo Catedral y el clero de la Colegiata y sacerdotes del Arciprestazgo.

El cardenal recordó que “Madrid celebra hoy, de nuevo, la Fiesta de su Patrono, San Isidro Labrador” y afirmó que “si hay en la historia de la Iglesia un Santo cuya fama de santidad haya nacido y se haya extendido a través de los siglos como expresión del alma de un pueblo, ese ha sido San Isidro Labrador, Patrono de Madrid. Pocos Santos han sido canonizados por la Iglesia merced a un clamor popular tan unánime, tan entusiasta y tan tenazmente sostenido a lo largo de los siglos, como ha sido el caso del Santo Patrono de Madrid”.

El arzobispo animó también a los madrileños a pedir al Patrón «ayuda e intercesión» para superar los problemas actuales más dolorosos: «la falta de trabajo, la enfermedad, las rupturas matrimoniales y familiares, la tristeza y la desesperanza».

En sus palabras destacó que «pocos santos han sido canonizados por la Iglesia merced a un clamor popular tan unánime, tan entusiasta y tan tenazmente sostenido a lo largo de los siglos, como ha sido el caso de santo patrón de Madrid».

El arzobispo recordó a todos los fieles congregados el carácter de santidad de San Isidro y «la paciencia y bondad» de que hizo gala al ser «acusado y calumniado por sus compañeros de trabajo ante el amo de la casa de los Vargas».

Se preguntó también si «no estará ocurriendo que en esta hora crítica de nuestra sociedad y del mundo» no hará falta santos como San Isidro y ha asegurado que «no es tan excepcional ser ‘santo'» porque la heroicidad de personas como el Labrador «es accesible a cualquiera».

Finalmente exhortó a los fieles de la Iglesia a ser santos «con la misma sencillez» con la que lo fue San Isidro», pues ha dicho que los frutos que recogerán «serán abundantes y sorprendentes», en la vida privada y en la pública.