La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Fátima

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- Es más que probable que el episodio espiritual que acaeció en Fátima a partir del 13 de mayo de 1917 es el que ejemplifica, a la perfección, el misterio de fidelidad que el Espíritu Santo transmite a los hijos de Dios.  

 

Lucía, Francisco y Jacinta apenas habían vivido unos años de sus vidas (que en el caso de los dos últimos serían pocos más) cuando en aquel día del mes dedicado a María, la Madre de Dios se les apareció para hacerles ver que, en realidad, el amor tenía que ser, sobre todo, sufrimiento.

 

Todos los momentos negativos, critica siempre quien no entiende ni comprende, que pasó, sobre todo, Lucía (al fin y al cabo la única que iba a quedar para dar testimonio de lo vivido pues le dijo María, el 13 de junio, que “Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien le abrazare prometo la salvación y serán queridas sus almas por Dios como flores puestas por mi para adornar su Trono») le valieron para comprender que la Verdad tiene caminos, verdaderamente, misteriosos para salir a la luz.

 

Cuando la Virgen María se da a conocer a los pastorcitos lo hace como la Virgen del Rosario que es, además, la oración que les dicen han de rezar para la salvación de muchas almas. Además, les muestra su Inmaculado Corazón y les entrega, por así decirlo, un mensaje que debía transmitir en que se refería a lo siguiente:

 

-La conversión, necesariamente permanente.

 

-La oración, en la que jugaba un papel muy importante el rezo del rosario.

 

-El sentido de la responsabilidad colectiva y la práctica de la reparación.

 

¿Qué podía suponer aceptar el contenido de tal mensaje por parte del creyente?

Sobre todo la consagración al Inmaculado Corazón de María como símbolo de fe y de apostolado.

 

Por eso cuando, comportándose como humanos, se le pidió una señal a María y la Madre de Dios hizo que sol se moviera ante 70.000 personas (el 13 de septiembre había prometido en el sentido de «Curaré a algunos enfermos, pero no a todos. En Octubre haré el milagro para que todos crean» lo que no parecía ser suficiente para muchas personas) ya no pudo haber duda alguna acerca de que lo que había pasado era cierto.

 

Si hay un aspecto que resulta importante en las apariciones de Fátima es el relacionado con los pecadores por los que la Virgen María sufría y pedía ayuda. Por eso les pide en varias ocasiones lo mismo:

 

«¡Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, y especialmente cuando hagáis un sacrificio: OH, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!”

 

«Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno por no tener quien se sacrifique y rece por ellas».

 

Por eso, cuando les enseñó el infierno donde los pecadores sufren por sus pecados, quizá para hacerles ver la importancia que tenía la oración le dijo «Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra terminará pero si no dejan de ofender a Dios en el reinado de Pío XI comenzara otra peor».

 

Ya sabemos, por cierto, qué sucedió, precisamente, en el tiempo profetizado por María.

 

Seguramente lo que más debería hacernos pensar acerca de los mensajes de Fátima es el hecho de no poder rechazarlos en el sentido de endurecer nuestros corazones a las palabras que María dirigió a Lucía, Jacinta y Francisco.

 

En cierto sentido, y muchas veces en mucho, somos como aquellos niños que, desconcertados, se sintieron amados por María y supieron decir sí cuando más necesario era, para el mundo, su oración.

 

Virgen de Fátima, ruega por nosotros.