La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

LA HETEROFOBIA RAMPANTE

 Pedro Herráiz, Filósofo.- Entre convocatoria y jaima anda la progresía engrasándose con homofilias multicolores.  El frenesí analítico freudiano ha llegado  a la escena mediática para reivindicar sin sutileza la heterofobia rampante: ahora resulta que todos los humanos han sido y somos homosexuales en el fondo inconsciente – el  último que  debe de quedar  en su mundo sin fondo-. Hay un fondo, al parecer:  el fondo homosexual, la nueva esencia. Hemos llegado al fondo, toda construcción de lo humano políticamente correcto deberá ser desde aquí.  

Esto no es de hoy, claro, pero así se publicita. Comenzó cuando se proclamó progresista eliminar la homosexualidad del listado de enfermedades, como si quitan la depresión. Si tengo tendencia homosexual y no estoy a gusto con ello –según ocurre en muchos casos-, no tengo derecho a que me atiendan y me traten. Si alguien “homo” escribe un libro explicando el modo como naturalizó su vida, entonces es un traidor al progresismo, al constructivismo de género, aunque haya conseguido su felicidad y la de quienes viven su situación. Cualquiera tiene apoyos institucionales para seleccionar su sexo –“identidad de género”-, apoyos económicos y legales; pero si quiere transformar su homosexualidad, entonces se pone contra toda la corriente del progresismo heterófobo. Igual no se necesita tratamiento con hormonas ni cirugía y es demasiado poco gasto, disminuye la caravana procaz multicolor. Es el penúltimo tabú mediático ahora que el del suicidio se transgrede a conveniencia de los padres y gestores progresistas de la crisis.

Ya no es solo eso de que todos los personajes importantes de la humanidad fueron “homo” –y si no lo eran, no fueron importantes y hay que quitarlos de la lista de importantes-. Ahora resulta que las generaciones de humanos han vivido una perversión sistemática cuando se han unido entre sexos, cuando han procreado generación tras generación y cuando se han reconocido en su diversidad sexual. Verdaderamente, hace falta mucha audacia y haber preparado muy bien el terreno para sostener todo eso sin el mínimo pudor intelectual. Cuando no se cree en nada la suerte de uno queda en manos de aprendices de brujo y de trileros.