La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Con María en el corazón

 Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- En el “Tratado de la Verdadera Devoción”, San Luis María Grignion de Montfort, escribió lo siguiente:

 

«…Nunca pensáis en María, sin que Ella en vuestro lugar piense en Dios. Nunca alabáis ni honráis, sin que Ella con vosotros alabe y honre a Dios. María está en total conexión con Dios, y con toda propiedad yo la llamaría: la relación de Dios, que sólo existe en referencia a Dios, el eco de Dios, que sólo habla y repite a Dios. Santa Isabel alabó a María y la llamó bienaventurada porque Ella creyó, y María, el eco fidelísimo de Dios entonó: «Magnificat anima mea Domino», -Mi alma glorifica al Señor- (Lc I, 46). Lo que obró María en esa ocasión, lo repite todos los días; cuando la alabamos, honramos, amamos, o le ofrecemos algo, Dios es alabado, honrado, amado y ese agasajo lo recibe por María y en María…»  

 

María, Madre de Dios y Madre nuestra, también tiene su mes. En realidad, a la Santísima Virgen María, la tenemos siempre en el corazón y siempre tenemos pensamientos hacia quien dio la vida al Hijo de Dios e, Inmaculada, manifestó su voluntad de hacer lo que el Creador quería que hiciera.

 

Sin embargo, la Iglesia católica, por distinguir de manera especial a quien acoge a los afligidos y tiene en cuenta a los necesitados, le dedica un mes concreto, el de mayo, en el que todo católico lleva sus flores particulares a su Madre del cielo.

 

Por eso, desde el tan antiguo “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desoigas la oración de tus hijos necesitados y líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!” hasta el propio Ave María, aquello que le decimos a María es que la queremos y que la buscamos entre las multitudes del mundo en el que vivimos y existimos y dedicamos a ella los mejores pensamientos.

 

Valga, como pequeño homenaje, en forma de dos poemas y una oración, que este hijo de María le ofrece.

 

 

 

 

 

Explicación de todo

(Oración)

 

Oh María, Virgen, tu que fielmente aceptaste los requerimientos de Gabriel, ángel que el Padre envió para dar noticia de la venida de su Hijo; tu que supiste ser el abrevadero donde Jesús apagaba su sed de amor; tu que con constancia divina y santa caminaste  en compañía de José, esposo fiel a Dios, hacia  la meta de su Reino, líbranos de la voluntad de  omisión de su Palabra y danos esperanza para ser, siempre, apóstoles, con nuestra vida y ejemplo, del ejemplo y vida de tu Hijo.

Amen.

 

Así somos hijos tuyos

 

Cuando, con esperanza no caída,

estamos ante la desgracia

tratando de aliviar al alma triste

y, cuando, somos testigos de un mundo ajeno

a Dios y, por voluntad propia, tibio,

y damos nuestro corazón

y nuestras manos a obras en desagravio

del Padre…entonces somos hijos tuyos.

 

Cuando vemos a lo mundano del hombre

prevalecer, dejarse vencer por la desidia

y entregar su vida a la tentación y al pecado,

como olvido de Dios,

y oramos pidiéndote intercesión

ante su clemencia y misericordia…

entonces somos hijos tuyos.

 

Cuando, en cada amanecer de nuestra vida,

no podemos evitar que la lágrima recorra el rostro

ante el triste devenir de los hermanos

y ante la victoria del maléfico sobre sus almas

y, entonces, y por continuar con la lucha,

demandamos auxilio y demandamos luz

para contrarrestar tamaño desamor…

entonces somos hijos tuyos.

 

Cuando, en el camino que andamos a diario,

nos encontramos con ciertas actitudes faltas de entrega,

y vemos, entristecidos por esa necesidad imperiosa

de dicha y de gracia,

que sólo invocando tu nombre, María Inmaculada y Madre,

saldremos de esta oscuridad tan voluntaria…

entonces somos hijos tuyos.

 

Por eso, salvadora nuestra e intercesora,

danos luz  y vida para seguir llamándote,

para seguir demandando tu paso por nuestro mundo,

para seguir presente, como entonces,

cuando dijiste sí a quien te pedía esa merced,

de parte de Dios.

Amén.

 

Venimos para ver tu fe

 

Si necesitamos ayuda que reconforte

nuestra alma te presentamos nuestro afán

y sabemos que, solícita, intercederás

por nosotros.

 

Si necesitamos salir de la noche del corazón

y queremos una luz que muestre el camino

hacia la verdad y sea faro y destino…

sabemos que, sin dudarlo, tu ejemplo

será guía, tu vida será iluminación.

 

Si sentimos tristeza por el devenir del mundo

y nos atribula el quehacer del maligno

entre nosotros, y pretendemos ser confortados

en el espíritu, para olvidar obrando,

sabemos que, viniendo a tu lado, nombrándote,

el alivio en la desazón será grande,

que las lágrimas no emergerán a la llamada

de nuestro paso, que la razón, liberada de ataduras,

volverá a sembrar en nosotros, por María, Madre,

la sazón que dé fruto y vertebre la fe que, por ti,

esparcimos, que por ti, nos viene.

 

Y venimos, entonces, a dar gracias

por lo que nos das sin demandar a cambio

nada; por lo que, Virgen Venerable,

hemos recibido, de tu parte, del Padre.

Busquemos, pues, a María y recordemos siempre, pero siempre, que gracias a ella la humanidad se ha salvado y la eternidad se ha hecho posible, ciertamente, nuestro tan anhelado destino.