La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La Fiesta del Trabajo en medio de la crisis

Celebrar la “fiesta del trabajo” en estos momentos de crisis y paro, puede parecer un sarcasmo. Es verdad que la crisis nos ha empujado a un aparente callejón sin salida: para generar trabajo hay que reactivar la economía pero ninguna de las dos cosas es posible sin una serie de reformas estructurales que no se habían acometido desde que aparecieron los primeros barruntos de la crisis. En lugar de asumir esta oscura realidad, los sindicatos mayoritarios y la oposición socialista, que contribuyeron a suscitar el estado de “emergencia social” que ahora denuncian, se han lanzado a demoler la credibilidad del ejecutivo con la algarada callejera como acompañante de un mensaje de desconfianza.

Pero la esencia de esta fiesta universal del 1º de Mayo mantiene todo su vigor y nos recuerda que el trabajo es una dimensión esencial de la dignidad humana. Y aquí la responsabilidad compete a la sociedad entera, desde un Gobierno que legisle con cordura a unos empresarios, sindicatos y trabajadores que arrimen el hombro solidariamente. El trabajo, por duro que sea, no es una condena sino un instrumento de liberación, una exigencia de la condición humana y una participación  en la obra de la creación. También Jesús aprendió a trabajar en el hogar de Nazaret bajo la guía de San José, el carpintero. De ahí nace una mirada de estima y valoración del trabajo que es uno de los fundamentos de nuestra civilización. Por eso no hay progreso humano sin recuperar el verdadero sentido del trabajo y sin que éste sea adecuadamente tutelado.