La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
El informe favorable de la Sociedad Española de Ginecología contrasta con las reservas expresadas por otros expertos

La polémica sobre la “píldora del día siguiente”

Desde que en 2009 la píldora del día siguiente (PDS) se vende sin receta en farmacias, su consumo ha crecido un 83%. Si se trata de una “contracepción de emergencia”, algo está fallando cuando las emergencias se multiplican en esa magnitud.

Ante la posibilidad de que este uso indiscriminado sea un riesgo para la salud de algunas mujeres, la ministra de Sanidad Ana Mato pidió informes a tres instituciones médicas (la Asociación Española de Ginecología y Obstetricia [SEGO], la Organización Médica Colegial y la Agencia del Medicamento) para decidir si sería conveniente exigir prescripción médica, como ocurría antes. El informe de la SEGO es el primero que se ha hecho público: en síntesis, no hay ningún problema y no hay nada que cambiar.

La SEGO se muestra tajante. El fármaco “no es tóxico” (¡sólo faltaría!); “no tiene contraindicaciones”, aunque esto contrasta con la ficha técnica aprobada por la Agencia del Medicamento, donde se dice que no está recomendado en pacientes con riesgo de sufrir embarazo ectópico y señala algunas posibles interacciones medicamentosas; “el uso repetido no presenta riesgos conocidos para la salud”, si bien otros expertos advierten que en realidad no se sabe lo que ocurre porque no hay estudios al respecto; la propia Agencia del Medicamento señala que la PDS es “un método de uso ocasional”, y “por ello es bueno controlar que no se usa de forma masiva o se utiliza como método anticonceptivo usual”. ¿Pero cómo controlarlo sin prescripción médica?

Como informa en su artículo Aceprensa, la conclusión de la SEGO es clara: “Es seguro para todas las mujeres incluidas las adolescentes”. En fin, solo les falta añadir: cuantas más, mejor.

El aumento del consumo de la píldora del día siguiente no tiene un efecto significativo en el número de abortos

Más cautelas se desprenden de la ficha técnica del Postinor 1500: “No está recomendado para su empleo en niñas. Los datos disponibles en mujeres menores de 16 años son muy limitados”.

Por eso el Departamento de Sanidad de la Administración Obama ha rechazado recientemente que las menores tengan libre acceso a la PDS, por falta de evidencias sobre su seguridad.

Sin incidencia en los abortos

En el caso español da la impresión de que la idea de facilitar el acceso ha primado sobre cualquier otra consideración. Para justificarlo se dice que así se evita que aumenten los abortos. Pero las estadísticas indican que PDS y aborto han crecido a la vez. De unas 100.000 unidades de PDS dispensadas en 2001, se pasó a 712.000 en 2010; y mientras tanto el número de abortos en ese periodo creció de 70.000 a 113.000. Lo ocurrido en España confirma la experiencia extranjera: diez estudios realizados en distintos países revelan que el aumento del uso de la PDS no ha tenido ningún efecto significativo en las tasas de embarazos no deseados ni de abortos (Anna Glasier en British Medical Journal, 16-09-2006 [cfr. Aceprensa, 11-10-2006] y Revisión Cochrane 2010).

El Ministerio de Sanidad ha comentado que aún faltan por conocer los informes pedidos a la Organización Médica Colegial y a la Agencia del Medicamento, y que la decisión se tomará con criterios científicos.

Adicción al fármaco

Pero, al margen de las discusiones sobre los posibles efectos secundarios de la PDS y sobre su consideración ética, el hecho de que su venta haya crecido un 83% desde que en octubre de 2009 dejó de exigirse receta, es una muestra más de la adicción al fármaco que padecemos en España. Según el informe anual que acaba de presentar en estos días la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Informe Sespas 2012), España es el segundo país del mundo, por detrás de EE.UU., en el consumo de fármacos.

Esta organización critica la “excesiva medicalización del sistema”, que incrementa el gasto farmacéutico, y supone efectos adversos debidos al sobreuso de las medicinas. En 2010, tocamos a 20,4 recetas por habitante al año, según datos del Ministerio de Sanidad.

Según ha explicado Francisco Hernasanz, editor del informe Sesgas, “lo fácil ante un problema psíquico es recetar un ansiolítico; ante un insomnio que puede tratarse con medidas higiénicas recetar un hipnótico; ante un colesterol que no precisaría nada más que una dieta y ejercicio físico, lo fácil es prescribir un fármaco”.

Y si este recurso fácil al fármaco ocurre cuando se necesita receta, ¿cabe esperar mayor reserva cuando, como en el caso de la PDS, es de libre acceso?

También en la conducta sexual una píldora, sea o no arriesgada, nunca puede sustituir a la responsabilidad y prudencia del “día anterior”.