La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Teólogos que confunden la fe con el tocino

Andan por ahí algunos teólogos “modernos” que manifiestan no creer en los milagros recogidos en los Evangelios, ni siquiera en la Resurrección de Jesucristo. Y lo afirman en este tiempo de Pascua en que, precisamente, los católicos festejamos –y nos gozamos- con el acontecimiento que cambió la historia del mundo.

Es el caso de uno que anda en boca de esos “colectivos” de curas que se llaman a sí mismos progresistas, como es el caso de Andrés Torres Queiruga, para quien están recogiendo firmas de apoyo con la ayuda de Internet. El tal Queiruga, presentado en ciertas páginas especializadas en información religiosa como “prestigioso teólogo internacional”, fue entrevistado días atrás por “El País” -¡cómo no!- para que pudiera expresar a sus anchas su increencia en los milagros y hasta en la Resurrección, compartida, decía, “por otros teólogos modernos”. Sin entrar en los matices de su pensamiento, presuntamente lleno de tantas y tantas lecturas, y con todo respeto por su libertad de expresión y desde la humildad de un creyente que ama a la Iglesia, me premito preguntar tanto a él como a sus seguidores, en qué Jesucristo creen y por qué no han fundado ya una secta para sumarla a las centenares que han proliferado desde el cisma luterano.

Siempre me ha resultado llamativo que estos “teólogos” que discrepan del magisterio de la Iglesia, se consideren ovejas del mismo rebaño en lugar de buscar otros apriscos. Bien sé que este Queiruga, como otros tantos que van por libre pidiendo la ordenación sacerdotal de la mujer o bendiciendo el matrimonio homosexual, entre otras lindezas, ha sido objeto recientemente de alguna admonición episcopal. Pero no se me escapa que toda la campaña montada en su defensa es, en realidad, una nueva ofensiva para desacreditar a la Iglesia, al Papa, a los obispos y a los curas que permanecen fieles a la doctrina. Me atrevería a decir que estos “teólogos” tan llenos de saberes, representan el mismo papel en la Iglesia que los curas que han preferido su busca del placer personal a la fidelidad debida a su vocación. Ya me entienden.

Con este comentario no pretendo en absoluto descalificarlos; allá ellos con sus convicciones. Lo que sí me interesa destacar es el empeño que ponen no en confirmar las certezas de la fe sino en confundir a quienes no tienen –no tenemos- los conocimientos teológicos suficientes para debatir en su terreno aunque sus errores sean patentes a cualquiera que conozca el Evangelio.

En realidad, todo podría quedar en una mera discusión entre sabios que apenas  tendría trascendencia de no ser por la difusión que hoy se les ofrece interesadamente. A mí, personalmente, lo que diga o piense Queiruga me trae sin cuidado porque me fío mucho más del Papa y de los obispos en comunión con él, que de este y otros afamados “teólogos” disidentes. La misión de la Iglesia, en definitiva, consiste en anunciar sin error los Evangelios y de interpretarlos con el lenguaje de los tiempos. Por lo tanto, hace falta mucha mala intención para divulgar a estas alturas de la Historia, y sobre todo después del Concilio Vaticano II y del Catecismo, que Cristo no ha resucitado. Porque en contra de lo que dicen algunos, no hay “muchas teologías”, sino una sola: la que se piensa desde la comunión con el magisterio de la Iglesia y nos ayuda a acercarnos a Dios. Lo demás son pensamientos al servicio de quienes solo aspiran a cambiar la doctrina.

¿De qué son testigos estos “católicos”? ¿Por qué celebramos el domingo como el Día del Señor? ¿Qué es la Eucaristía para estos cerebros “teológicos”? ¿No les sigue siendo válida la afirmación de San Pablo: si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe?… ¿O creen que el apóstol ha quedado anticuado? En cuanto a los milagros, bueno es recordar que tanto Jesucristo como los apóstoles después de recibir el Espíritu Santo, los hicieron no para provocar admiración o curiosidad sino para despertar la fe. ¿Despierta el señor Queiruga, con todo su aplastante acervo de conocimientos  filosóficos y erudición, la fe en Jesús resucitado, en la vida eterna, en el perdón de los pecados, en el Juicio Final, en la Iglesia, es decir, en todo aquello que rezamos en el Credo? Pues si no la despierta, más vale que hable menos y rece un poco más.