La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
Durante el acto de clausura del V Congreso ‘Paradojas de la Discapacidad. Autonomía, Capacidad e Independencia’

Lourdes Méndez Monasterio anuncia que el Gobierno armonizará las leyes vigentes sobre discapacidad

La presidente de la Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad del Congreso Español, Lourdes Méndez Monasterio, clausuró el Congreso ‘Paradojas de la Discapacidad’, que se cerró reafirmando el mensaje de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad: no hay personas discapacitadas sino sociedades ‘discapacitantes’.

“El Gobierno armonizará todas las leyes vigentes sobre la discapacidad”, éste fue sido el anuncio que ha dejado la presidente de la Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad del Congreso Español, Lourdes Méndez Monasterio, en el acto de clausura del V Congreso ‘Paradojas de la Discapacidad. Autonomía, Capacidad e Independencia’, que, organizado por la Asociación Mediterráneo sin Barreras (Italia) y la Universidad CEU San Pablo, se ha celebrado en la sede de esta última durante los días 19, 29 y 21 de abril.

Lourdes Méndez Monasterio hizo alusión también a la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Dicho texto implica, a su parecer, “la superación de la perspectiva asistencial para abordar la cuestión desde la perspectiva de los derechos humanos y de la dignidad personal”. Méndez Monasterio ha estado acompañada en el acto de clausura por la presidente del Comité Científico del Congreso y directora de la Unidad de Investigación en el Instituto neurológico Besta de Milán, Matilde Leonardi, la presidente de la Asociación Mediterráneo sin Barreras, Michela Carrozzino, y el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, Tomás Chivato.

Nuevo paradigma: el ambiente es el que discapacita

La idea fuerza que ha subyacido en todas las ponencias y comunicaciones del Congreso es clara y conecta con la médula espinal de la referida Convención de las Naciones Unidas: la incapacidad no es una condición inherente a la persona que la padece sino que supone una limitación que imponen una sociedad y unas estructuras que no han sido concebidas para incluir a todo tipo de individuos. Es decir, no hay personas discapacitadas sino entornos que discapacitan.

La intervención del Catedrático de la Universidad del Sacro Cuore de Milán, Adriano Pessina, en la primera jornada del Congreso Congreso fue elocuente al respecto. “La discapacidad se basa fundamentalmente en la relación que existe entre la persona afectada por una patología determinada con el ambiente en el que esta se encuentra”. Este principio implica un auténtico cambio de paradigma porque ya no cabe decir que existen discapacitados “sino personas concretas con determinadas discapacidades que el ambiente no “acoge” adecuadamente, es por tanto este último quien debe cambiar de perspectiva para una plena integración”.

Pessina, también denunció la tendencia a valorar a la persona por su funcionalidad, una concepción que puede desembocar en la “negación del carácter personal de ciertos hombres”, advirtió. Frente a ello, se debe “reafirmar el pleno reconocimiento personal y de ciudadanía total del discapacitado”.
Personas con discapacidad y mundo laboral.

En sintonía con estos planteamientos, y apelando a los principios de la citada Convención de la ONU, la representante de la Fundación ONCE, Virginia Carcedo, insistió en que la cuestión debe ser planteada “haciendo hincapié en la capacidad de las personas y no en su discapacidad”. Carcedo ha hablado fundamentalmente de la inserción de las personas con discapacidad en el mundo laboral. Aún queda mucho terreno que ganar en este campo, a juzgar por los datos que ha presentado: la tasa de actividad de las personas que padecen una discapacidad es del 38%, frente al 75% general; y si se habla de tasa de empleo la relación es de un 28% frente al 61%. Asimismo, mencionó la singular dificultad de las mujeres con discapacidad, que “sufren una multidiscriminación”.

En relación con temas de empleo e inclusión de personas con discapacidad, el director de FEAPS España, Enrique Galván, juzgó “positiva” la evolución general de nuestro país. Lo que no obsta para que haya señalado los planos en los que aún hay mucho margen de mejora. Éstos atañen tanto a elementos estructurales como de concienciación. Sobre los primeros, denunció Galván lo contraproducentes que son algunos sistemas que, hechos para ayudar, “resultan poco inclusivos”, y también la “cosificación” que se hace de la persona con discapacidad cuando se la quiere “utilizar como forma de ganar de dinero”. En lo que respecta a la actitud general con la que nos aproximamos al tema de la discapacidad, el ponente asegura que todavía “existe una dificultad para ayudar, a veces somos más obstáculo que ayuda”.

Los problemas específicos de la vejez han sido objeto de especial atención en el Congreso. De ello trató directora de la Unidad de Investigación en el Instituto neurológico Besta de Milán, Matilde Leonardi, que advirtió sobre la magnitud del desafío que planteará el creciente envejecimiento de la población europea. Ante este tipo de retos, la profesora de Bioética de la Universidad CEU San Pablo, Elena Postigo, invocó a las premisas antropológicas necesarias para captar con profundidad el sentido del cuidar: fundamentalmente consisten en la consideración de “la vulnerabilidad radical del hombre, su fragilidad”. Esto radica en la “la necesidad del reconocimiento personal en la relación. En el encuentro personalizador y no objetivante”. En definitva, en concebir el cuidado como “un acto de amor”.