La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Katrina

Katrina

Autor: Sally Salminen

Ed: Palabra.
Madrid (2012).
526 págs.
Traducción: Francisco Torres Ferrer y L. Vegas López.

Sally Salminen nació en Vardö, en las islas finlandesas de Aland, en 1906; era la octava de doce hermanos. En 1930 se trasladó a Nueva York, donde inició su tarea como escritora en lengua sueca. Más tarde, al casarse con un pintor danés, se asentó en este país. Falleció en 1976. Katrina, publicada en 1936, es su primera novela y probablemente la mejor. Fue premiada y se ha traducido a numerosos idiomas. Esta reedición en castellano me parece un acierto y gustará a un público amplio.

Se trata de la novela de un personaje, Katrina, que –al casarse con un marinero soñador y un tanto ingenuo– se traslada desde Österbotten, en el golfo de Botnia, al archipiélago de Aland, más al sur. El relato cubre hasta el final de su larga vida, llena de vicisitudes, de alegrías y penas, que afronta con una valentía, honradez y dignidad admirables, en unas tierras extrañas para ella, que termina por amar lo mismo que a sus habitantes.

Junto a la trama lineal, con un ritmo bien dosificado en capítulos no muy extensos, la magnífica ambientación del archipiélago: el paisaje, las costumbres, la dura existencia de esposas, maridos e hijos que pasan la mitad de sus vidas separados por el mar; y las tareas agrícolas, la vida social con sus peculiaridades y costumbres: pequeñas rencillas, dimes y diretes, pero también comportamientos solidarios, porque se trata de una sociedad asentada en principios cristianos. Alrededor de Katrina hay una serie abundante de personajes bien caracterizados, pues no se trata de estereotipos, sino de figuras de carne y hueso, con una personalidad bien matizada: el marido, los hijos, otros vecinos…

Escribir sobre el bien puede ser más difícil que escribir sobre el mal, sobre todo en tiempos en que los consejos morales suelen estar mal vistos. A través de la vida de Katrina, una vida corriente como la de la mayor parte de los mortales, la autora lo consigue con indudable acierto: es el atractivo de la generosidad, del sentido común, de la fe sencilla, pero sin caer en lo cursi ni en lo excesivamente edulcorado. La bondad de la protagonista, difícil de olvidar, es contagiosa.