La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Que no falte la risa…

 Realmente es para desternillarse de risa. Que el PSOE acuse al Gobierno de dar un “golpe de mano” en la televisión pública para que ahora «no tengamos información», es el chiste más gracioso que se le podía haber ocurrido para que los españoles olvidemos, al menos durante este fin de semana, de lo que nos van a costar los despilfarros de los gobiernos de Zapatero.

Lo que nos han querido decir los portavoces socialistas Elena Valenciano y Carmela Silva, es que la única manipulación válida es la que ellos realizaban a través de sus pregoneros a sueldo. ¡Y se creen que los españoles somos tan ingenuos que nos vamos a enfadar con el PP por haber cambiado las reglas del juego! ¿Es que han olvidado que lo primero que dispuso Zapatero, apenas llegó a La Moncloa, fue nombrar un director de informativos de su cuerda?

Esta vez, se ha visto demasiado el plumero a los “magos” de la manipulación y la demagogia. Demasiado ha tardado Rajoy en tomar la decisión de limpiar por decreto las tóxicas alcantarillas informativas del ente público, aunque todavía subsiste la duda sobre su capacidad para explicar, de una vez, todas y cada una de las razones que le han llevado a empezar su andadura con una política de austeridad que le aleja de su principal objetivo, la reactivación económica y la consiguiente creación de empleo.

Hasta ahora, la impresión que está dando el Gobierno es que, a pesar de la frase favorita de Rajoy durante su campaña electoral –“sabemos lo que tenemos que hacer”- las medidas que está tomando parecen improvisadas, como si estuviese desbordado por las exigencias europeas y la amarga realidad de que “no hay dinero” para pagar las deudas contraídas por Zapatero. Por ejemplo, sería muy deseable que el propio Rajoy compareciera en televisión –ahora que, se supone, va a dejar fuera a los desleales- para detallarnos en que se gastó Zapatero esos 90.000 millones de euros que le faltan al Tesoro para cuadrar las cuentas. Hasta el último euro.

Ya sabemos lo del déficit, lo que cuestan los intereses de la deuda pública heredada y la que se contrae cada día para pagar el gasto corriente.  Pero es necesario saber hasta donde llegó la irresponsabilidad de los Gobiernos anteriores para cubrir la apariencia de que no había crisis. Insisto: ¿en qué se gastó Zapatero el dinero prestado por los mercados y el Banco Central Europeo? ¿Cómo se atreve todavía Rubalcaba, con la complicidad de los sindicatos de clase, de acusar al Gobierno de Rajoy de apretar el cinturón a todos los españoles en lugar de seguir endeudándose, como si eso aún fuese posible?

Los tertulianos socialistas que acuden a las emisoras de radio y televisiones públicas y privadas –que están realizando un loable ejercicio de pluralismo en sus programas de opinión- se hartan de decir que no se pueden hacer tantos recortes y que hay alternativas para contener el gasto público… El argumento más socorrido es que Rajoy debiera pedir a Bruselas una mayor flexibilidad para reducir el déficit… contraído por Zapatero. Es decir, pretenden que todavía se pida más dinero prestado, acaso porque piensan que ya pagarán la factura las futuras generaciones. Pero se da la circunstancia que en ese futuro –por cierto, diseñado a golpe de ideología de género- en España habrá más jubilados que jóvenes productivos y que buena parte de lo que se recaude por la vía impositiva irá al pago de las pensiones de jubilación. ¡Y habrá menos dinero para pagar las deudas! ¿Sueñan, acaso, en un vuelco de la realidad que haga posible un golpe de estado para imponer una dictadura de izquierdas?

Para completar el argumentario socialista –es decir, el chiste-, la renovada ex vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, hoy flamante consejera de Estado, ha tenido la ocurrencia de justificar el derroche de los gobiernos de los que formó parte recordando que fue la política de austeridad aplicada en Alemania después de la I Guerra Mundial, la que llevó a Hitler al poder. O sea, que el camino para un golpe de Estado de derechas es la austeridad. ¿No será al contrario, que el derroche es el camino para que la izquierda se haga con todo el poder? Nos vendría muy bien que algún historiador con imaginación nos escribiese una anticipación de la historia, al modo de Orwell, para advertirnos de las consecuencias de las políticas de austeridad o de derroche, aunque ya sabemos lo que quiere la izquierda en España: gobernar desde la calle y la demagogia cuando pierden la posibilidad de gobernar desde las urnas. Y como guinda, los sindicatos de clase, que preparan nuevas movilizaciones para el día 29, ya han advertido de las consecuencias del «estado de emergencia social» que, dicen ha «provocado» el Gobierno. ¡Pero quien ha provocado el agujero negro de las cuentas del Estado!

Para consuelo de la izquierda vamos a vivir una experiencia digna de ser filmada: lo que va a ocurrir en Andalucía con la alianza social-comunista. ¿Cómo se va a pagar allí la deuda contraída por Griñan? Porque ya no hay dinero para mantener la estrategia de los Eres falsos y de los fondos de reptiles… ¿Se lo pedirán prestado a los Castro, a Chavez o, acaso, a la señora Kirchner con los ingresos que obtenga de YPF? De entrada, los socialistas han votado “no” en el Parlamento europeo a las sanciones a Argentina por su latrocinio. ¡Buena imagen de lealtad institucional la que ha dado el PSOE en Estrasburgo, si señor!