La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Encrucijada vital

Alfa y Omega/ Teófilo González Vila- 19/04/12.- Poco se consigue, sólo un quizá insano desahogo, con denostar a los gobernantes y a los políticos, en general, con llamarles esto o lo otro y buscar la explicación de su decepcionante o desastrosa gestión en tales o cuales defectos o rasgos de carácter… Por otra parte, todos, dentro de tal o cual grupo o por individual cuenta propia, tenemos nuestras ideas de cómo hay que salvar a España, ideas diversas y aun inconciliables. No se podrá, pues, claro está, hacer caso a todos.

Y sin duda es al Gobierno al que, en primer lugar, corresponde decidir qué camino seguir, qué medidas adoptar. Pero eso no significa que no deba oír las diversas voces que juzgan su actuación y proponen corregirla… La multitud y discrepancia de las voces críticas no justifica cerrar los oídos a todas. El gobernante ha de tomar muy en serio las valoraciones y propuestas sustentadas por serias razones de bien común, alejadas de intereses partidistas, compartidas por amplias corrientes de opinión de las que son portavoces personas inteligentes, lúcidas, ecuánimes, competentes, de reconocido prestigio moral…

En este momento, una exigencia objetiva fundamental que ha alcanzado la condición de evidente (para quien no padezca las graves cataratas de inadmisibles privilegios) es la de reformar la estructura misma del Estado. Es ya imprescindible someterla a una revisión radical constitucional, que garantice en toda España la efectiva igualdad de todos en el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales, así como en el cumplimiento de los deberes ciudadanos, y que dote a los órganos generales del Estado de las competencias necesarias para asegurar esa igualdad, para hacer respetar a todos la ley y las decisiones judiciales, para garantizar una economía nacional a la vez eficiente y solidaria, para erradicar de las Administraciones públicas, con la aplicación de normas penales adecuadas, a los corruptos, para, en suma, afirmar y realizar valores fundamentales en cuyo respeto nos jugamos la subsistencia…

Todo esto, como gustan de decir algunos, es de sentido común. Otra cosa es que para atender a exigencias tan de sentido común, en un momento como éste, no ya de grave emergencia sino de encrucijada vital, a todos nos corresponda realizar esfuerzos más allá de lo común y, sobre todo, sean necesarios gobernantes con arrestos muy por encima de lo común. Porque hay que tirar mucho lastre por la borda y poner muchas cosas patas arriba. Así como la transición a la democracia fue pacíficamente posible gracias, como se ha dicho tantas veces, al harakiri de toda una clase política, ahora la profunda revisión (¿transmutación?, ¿re-transición?) del Estado, ya angustiosamente imprescindible, exige una semejante inmolación de las actuales innumerables malignas excrecencias políticas de letales privilegiados.

Teófilo González Vila