La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Misión Madrid

José Francisco Serrano Oceja

ABC

01/04/12

Mañana, cuando el Papa se dirija a los peregrinos de la Archidiócesis de Madrid, en el Aula Pablo VI, se producirá un cambio de eje, un nuevo tiempo. La JMJ entregará el testigo a la Misión Madrid, un proyecto apostólico de referencia para los próximos dos cursos. La Iglesia está, y nunca mejor dicho, en estado de misión. Un concepto que además tiene la virtud de ser moneda común en la práctica de la sociedad. En las empresas, en las instituciones, en el tercer sector, se habla de la misión como ejercicio y realización de la identidad pensada y vivida. De la encíclica de Pablo VI «Evangelii Nuntiandi» a la constitución del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización ha transcurrido un largo y clarificador tiempo en el se ha producido lo que Teilhard de Chardin denominaba el «blanco de los orígenes»: el inicio de las nuevas especies es invisible y está fuera del alcance de la investigación. Esta afirmación es de Joseph Ratzinger, y, aunque no muy citada, es uno de los textos claves para entender en qué consiste la Nueva Evangelización.

Durante estas pasadas semanas se han celebrado en Barcelona y en Oviedo las dos primeras experiencias españolas de la Misión Metrópoli. Me decía el arzobispo de Oviedo que la lectura pública de las confesiones de san Agustín había fascinado a los jóvenes, y que el eco del Evangelio de san Marcos es tumbativo, como ese tipo de gracia. Ahora le toca el turno a Madrid. Cuando Rouco presente al Papa el proyecto de la Misión Madrid, habrá nacido también una nueva especie pastoral en España.