La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La victoria del amor sobre el rencor y el odio

 

 

En el Domingo de la Octava de Pascua, en el que la Iglesia celebra la fiesta del “Domingo de la Divina Misericordia”, instituida por el Beato Juan Pablo II, Mons. Munilla, obispo de San Sebastián, ha presidido una Eucaristía por las víctimas del terrorismo. La fecha no se ha elegido al azar, pues el misterio de la Misericordia nos presenta el mensaje central del cristianismo: Dios es Amor y su relación con nosotros está fundada en la Misericordia.

En una homilía llena de respeto y de delicadeza hacia las víctimas de la violencia terrorista, les ha invitado a que el sufrimiento que han padecido y que continúan padeciendo, no les impida conocer y experimentar la bondad de Dios, la confianza en el prójimo y la esperanza en un futuro mejor, y les ha invitado también a que recen por la conversión de los que tanto dolor les han causado. Solo quien desconoce la misión específica de la Iglesia puede sorprenderse por este anuncio y petición. El mismo Jesucristo nos invitó a todos a “nacer de nuevo” para poder entrar en el Reino de los Cielos.  Para poder acoger la misericordia que necesitamos, es preciso practicarla con los que nos rodean, incluso con aquellos que tienen su corazón más endurecido.

Todos, también las víctimas más directas, hemos de rezar por la conversión de los terroristas. Será una oración eficaz, si bien es cierto que siempre quedará condicionada al misterio de la respuesta de la libertad del hombre. Aun así, nuestra fe en la misericordia de Dios, nos lleva a cultivar la confianza en el hombre, en su capacidad de regeneración, y a proclamar la victoria del amor sobre el rencor y el odio.