La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El dedo en la llaga

Luis Ignacio Martínez Franco. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.- Como ya nos tiene acostumbrados, Esperanza Aguirre ha puesto de nuevo el dedo en la llaga: la necesidad de recuperación por el Estado de determinadas políticas transferidas a las Comunidades Autónomas. Y lo ha hecho con generosidad y valentía  al tocar un tema político tabú. En concreto propone que el Estado recupere las competencias en Sanidad, Educación y Justicia. O sea, que tales políticas públicas regresen al lugar natural competencial de donde nunca debieron salir: el Estado.  

 

Se pueden apuntar dos razones poderosas que avalan esta propuesta: una de índole política: se ha ido demasiado lejos en la configuración del Estado de las Autonomías; la otra de naturaleza económica: el modelo autonómico es ineficiente desde el punto de vista económico y ha producido desigualdades entre los españoles.

 

Por lo que se refiere a la cuestión política, lo que la Constitución denomina «autonomía», en la forma en que se ha llevado a cabo ésta, lleva en sí el germen disgregador de la unidad nacional, con desgarradoras consecuencias para España y la convivencia entre los españoles. España como Nación única e indisoluble ha perdido vigor. Por el contrario, en una alocada carrera autonomista, con la complicidad de partidos políticos y órganos constitucionales, se ha llevado, en la práctica, a las Comunidades Autónomas a un status político que no les corresponde: el de una especie de miniestados en continua disputa de poder con el Estado progenitor.

 

En cuanto a la cuestión económica, la crisis ha tenido la virtualidad de poner al descubierto la ineficiencia económica del modelo territorial del Estado. A nadie se le oculta el exorbitante comportamiento depredador de las Comunidades Autónomas. Siendo éstas concebidas inicialmente para una gestión más eficaz y cercana a los ciudadanos, han terminado produciendo efectos contrarios, convirtiéndose en pantagruélicos entes políticos, insaciables devoradores de los dineros públicos. Como resultado se ha generado un elevadísimo déficit y un insoportable endeudamiento.

 

A la luz de las razones expuestas, se puede concluir que existe una estrecha interrelación entre el modelo territorial del Estado español y la crisis económica que nos asola. Una actuación consecuente exigiría, además de las medidas ya adoptadas, romper el nudo gordiano del modelo territorial del Estado y centralizar de nuevo determinadas políticas públicas. Se lograría así una gestión pública más eficiente y una mayor vertebración de la unidad nacional.