Cada familia es una piedra viva en la construcción de la sociedad”, (Francisco)

Nuestra esperanza: el bien existe y prevalece

En el mensaje del Papa Benedicto para la cuaresma de este año había una frase que me llamó la atención de manera especial: “La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por tanto es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y prevalece, porque Dios es «bueno y hace el bien»”.  

 

El mensaje remite al salmo 119, pero al llegar a la Pascua encontramos la referencia primera de esa frase : la primera lectura de la Vigilia Pascual nos recuerda que Dios lo hizo todo bueno, muy bueno. En su homilía Benedicto XVI se detiene en considerar que lo primero bueno creado fue la luz, “por la cual la gloria de Dios se refleja en la naturaleza de las criaturas.” Recalca: “La materia prima del mundo es buena, el ser es bueno en sí mismo. Y el mal no proviene del ser, que es creado por Dios, sino que existe sólo en virtud de la negación. Es el «no»”. Inmediatamente nos lleva al sentido de la recreación de la luz: “En Pascua, en la mañana del primer día de la semana, Dios vuelve a decir: «Que exista la luz»… vuelve a ser el primer día, comienza la creación totalmente nueva..,. Jesús resucita del sepulcro. La vida es más fuerte que la muerte. El bien es más fuerte que el mal. El amor es más fuerte que el odio. La verdad es más fuerte que la mentira. …Con la resurrección de Jesús, la luz misma vuelve a ser creada. …Él es el nuevo día de Dios, que vale para todos nosotros”.

 

Porque ha resucitado verdaderamente. En el mensaje “Urbi en Orbi” del domingo de Pascua, que seguimos celebrando toda la semana, encontramos cómo vale para nosotros esa nueva creación. “Ha ocurrido algo realmente nuevo y eso cambia la condición del hombre y del mundo”. Porque Jesús ha resucitado no pertenece al pasado; está presente hoy, vivo, “es alguien de quien podemos fiarnos de modo absoluto, y no solamente confiar en su mensaje”.

 

Por esto Él es nuestra esperanza; nuestra esperanza radical. Está vivo y nos lo encontramos. La experiencia de encontrarnos con Jesús vivo “nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra del mal radicalmente, no cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad”. “«Cristo, mi esperanza» -como le llama la Magdalena al encontrarse con Él- significa que cada deseo mío de bien encuentra en Él una posibilidad real: con Él puedo esperar que mi vida sea buena y sea plena, eterna”. Y es esperanza “de modo particular para las comunidades cristianas que más pruebas padecen a causa de la fe, por discriminaciones y persecuciones… presente como fuerza de esperanza a través de su Iglesia, cercano a cada situación humana de sufrimiento e injusticia.”