El gran peligro en el mundo actual es el triste individualismo que nace del corazón avaro (Francisco)

Caminos ocultos sigue la tradición de Truman Capote

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado. Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura.- Lamentablemente, cada vez estamos más acostumbrados a las noticias en que un hombre ha asesinado a su mujer, o  en las que es ella le que ha asesinado a su marido. Nos centramos en los malos tratos, las denuncias previas, las órdenes de alejamiento…   

Sin embargo, no solemos tener en cuenta el sangrante problema que trata la novela que hoy presentamos Caminos ocultos, de Tawni O’Dell –Editorial Siruela-

Esta novela relata la vida de los hijos que se encuentran en la siguiente situación. Su madre está en la cárcel por haber asesinado a su padre. Evidentemente, muerto el padre, y la madre en la cárcel, es el hermano mayor el que tiene que tomar la difícil decisión de mantener a sus tres hermanas menores, o desistir y ponerse en manos de los servicios sociales para que ellos se hagan cargo de la familia.

Harley, el joven protagonista, se tiene que hacer cargo de sus tres hermanas y simultanear dos trabajos para sacarlas adelante. El libro no sólo se centra en ese problema en sí, sino en el que se esconde bajo este tipo de casos. Malos tratos, abusos sexuales, trastornos mentales y un largo etcétera suelen estar detrás del asesinato que suele culminar toda la cadena.

Especialmente sangrante es el mecanismo por el que esposa e hijos suelen justificar al maltratador. Es tan sencillo como que si a mi padre le pegaba mi abuelo, y a mi abuelo le pegaba mi bisabuelo, lo lógico es que mi padre me golpee a mí.

Pero Caminos ocultos también nos ofrece un buen número de referencias intertextuales en un diálogo con otros grandes autores de la literatura. Así, al final del libro, cuando Harley entra en el despacho de su psiquiatra se recrea en algunos títulos que aparecen en la biblioteca entremezclados con los de psiquiatría. A sangre fría, de Truman Capote; Harry y la fábrica de chocolate, de Roal Dahl son dos referencias muy evidentes que, quien las haya leído, encontrará fácilmente en esta novela, pero apuesto a que quizá, lectores que hayan leído otros de los libros que se mencionan, también encontrarán la relación. Es una de las leyes de la intertextualidad, dar alguna pista al lector para que inmediatamente localice la referencia.

Estos juegos intertextuales aportan gran satisfacción a quien es capaz por sí mismo de encontrar esas referencias.

El aspecto formal nos remite a una novela al uso. Es decir, si nuestros lectores piensan en una novela, por tamaño, redacción y presentación, se estarán imaginando algo muy parecido al libro que hoy les presentamos. Les aseguro que no podrán parar hasta llegar al final, y que merece la pena, ya que hay varias sorpresas que se perderán si no cierran la lectura.

Tener éxito en ventas no es garantía de buena literatura, pero en este caso, ventas y calidad van unidas de la mano para culminar una gran obra que no se pueden perder. Que la disfruten.