Un verdadero diálogo es siempre un encuentro entre personas y no sólo un intercambio de ideas (Francisco)

Humanismo y política

Luis Ignacio Martínez Franco. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.- Es cierto que «política» y «religión» no siempre conviven amigablemente, pero esto no implica que deban darse la espalda, dado que el hombre es un ser social y político por naturaleza, pero también lo es religioso y, como tal, siente necesidad de Dios. Anhelo vital que debe ser respetado, no entorpecido. 

Recientemente se ha producido en el seno de una formación política un importante debate acerca de si su ideario debía o no inspirarse en el «Humanismo cristiano». Mientras un sector, minoritario, era contrario a la inclusión del término «cristiano» por entender que política y religión no deben mezclarse; otro sector, mayoritario, consideraba positiva dicha inclusión.

Ahora bien, ¿qué es el «Humanismo cristiano»? Podríamos decir que, partiendo de la creencia en la existencia de Dios, es una «concepción teocéntrica y teleológica del hombre y del universo», que sitúa a Dios en el centro y orienta todas las dimensiones de la existencia humana en esa dirección trascendente.

Pero si al «humanismo» le privamos del apelativo «cristiano», nos encontramos ante algo muy distinto. Sería entonces un «humanismo ateo», caracterizado por la renuncia a toda visión trascendente de la vida y por pretender situar al hombre en la posición central de la existencia humana, convertido así en Dios.

El «humanismo ateo» no proporciona esperanza alguna al hombre. Más bien se trataría de un «humanismo inhumano» que conduce a la humanidad a un callejón sin salida. En este sentido Pablo VI nos dejó dicho algo muy clarificador: «Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero al fin y al cabo, sin Dios no puede menos que organizarla contra el hombre. El humanismo exclusivo es un ‘humanismo inhumano’».

Que una formación política haya decidido enriquecer su ideario político inspirándose en el «Humanismo cristiano» es una buena noticia. Al menos no muestra con ello –a diferencia de otras formaciones políticas– beligerancia contra los postulados de la fe cristiana y sus creyentes, mayoritarios entre los españoles. ¿Todavía hay españoles cristianos que votan a quienes arrojan piedras contra su propio tejado?