Un verdadero diálogo es siempre un encuentro entre personas y no sólo un intercambio de ideas (Francisco)

¡Gracias Santo Padre!

Más de cuatro mil personas han asistido este lunes a la audiencia que el Santo Padre, Benedicto XVI, ha concedido a la diócesis de Madrid, y en la que los peregrinos madrileños han querido darle las gracias por la Jornada Mundial de la Juventud celebrada el pasado mes de agosto.

La Delegación española ha estado presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, acompañado por sus obispos auxiliares -Mons. César Franco, Mons. Fidel Herráez, y Mons. Juan Antonio Martínez Camino, SJ, además del Obispo de Getafe, Mons. Joaquín L. De Andújar, y el Obispo de San Sebastián y Presidente de la Comisión Episcopal de Juventud, Mons. José Ignacio Munilla. Entre las autoridades civiles han asistido a la Audiencia la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y Lucía Fígar.

El Coro y la Orquesta de la JMJ han interpretado varias piezas, entre ellas el Himno de la JMJ, y una canción de cuna alemana, que ha emocionado de manera especial al Santo Padre.

En su intervención, el Cardenal de Madrid ha dicho que “hemos venido a darle las gracias. Nunca olvidaremos su generosa entrega, llena de afable cercanía de gestos elocuentes de Padre y Pastor Supremo, así como su cálido y profundo magisterio del que continuamente sacamos luz, fuerza y sabiduría para el trabajo evangelizador con los jóvenes. ¡Gracias, Santo Padre!”

Ha recordado que “a medida que pasa el tiempo, percibimos con más profundidad la gracia que ha supuesto para España y para Madrid vuestro paso por nuestras vidas y por nuestra patria”. Por ello, “nuestra gratitud es la única respuesta debida a tanta gracia recibida y, al mismo tiempo, el reconocimiento gozoso y creyente de vuestro ministerio al servicio de toda la Iglesia. ¡Gracias Santo Padre!”

Por su parte, el Santo Padre Benedicto XVI ha afirmado que “siempre que traigo a mi memoria la vigésimo sexta Jornada Mundial de la Juventud viuda en Madrid mi corazón se llena de gratitud a Dios por la experiencia de gracia de aquellos días inolvidables. Desde mi llegada, se sucedieron y multiplicaron las muestras de acogida y hospitalidad, junto a la fe y la alegría de los jóvenes, que se convirtieron en signos elocuentes de Cristo resucitado”.

“Aquel espléndido encuentro sólo puede entenderse a la luz de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Él no deja de infundir aliento en los corazones, y continuamente os saca a la plaza pública, como en Pentecostés, para dar testimonio de las maravillas de Dios. Vosotros estáis llamados a cooperar en esta apasionante tarea y merece la pena entregarse a ella sin reservas. Cristo os necesita a su lado para extender y edificar su Reino de caridad. Esto será posible si lo tenéis como el mejor de los amigos y lo confesáis llevando una vida según el evangelio, con valentía y fidelidad”.

“En esta aventura nadie sobra. Por ello, no dejéis de preguntaros a qué os llama el Señor y cómo le podéis ayudar. Todos tenéis una vocación personal que él ha querido proponemos para vuestra dicha y santidad. Cuando uno se ve conquistado por el fuego de su mirada, ningún sacrificio parece ya grande para seguirlo y darle lo mejor de sí mismo”.

“Ser misioneros de Cristo entre vuestros familiares, amigos y conocidos, en vuestros ambientes de estudio o trabajo, entre los pobres y enfermos. Hablad de su amor y bondad con sencillez, sin complejos ni temores”.

“Evocando aquellos días espléndidos, deseo exhortados asimismo a que no ahorréis esfuerzo aluno para que los que os rodean lo descubran personalmente y se encuentren con él, que está vivo, y con su Iglesia”.