Cuando se vive apegado al dinero, al orgullo o al poder, es imposible ser feliz (Francisco)

Don Andrés García de la Cuerda, Rector del Seminario Conciliar: “Cada seminarista es un milagro de Dios en los tiempos que corren”

Elena Cabrera.- Con motivo del día del Seminario, que en nuestra diócesis de Madrid se celebrará el próximo lunes 19 de marzo, los seminaristas visitarán las parroquias para dar su testimonio. En el Seminario Conciliar de Madrid se forman actualmente 133 seminaristas, que mañana serán nuestros futuros sacerdotes. Sobre cómo se está viviendo la campaña, si se ha notado el efecto en la pastoral vocacional y cómo se trabaja en la línea de la nueva evangelización a la que nos ha invitado Benedicto XVI nos habla su Rector, Don Andrés García de la Cuerda, quien espera que el próximo lunes “el Seminario se sienta entrañado, acogido, arropado por las comunidades cristianas de la Iglesia de Madrid, en todas las dimensiones”. 

-¿Cómo se está viviendo la campaña del Seminario? ¿Qué actividades se han organizado?
El día del Seminario es tradicionalmente un día donde las Iglesias particulares llaman la atención sobre la existencia de esta institución que forma a los futuros sacerdotes que la servirán. Igualmente ocurre en Madrid. En el día del Seminario, nuestros obispos, pasando por las parroquias, grupos, movimientos, colegios… fijan su mirada sobre el Seminario para que sea suficientemente conocido, más en una diócesis tan grande como es la de Madrid, donde no deja de ser un pequeño pero significativo rebaño. También, para llamar la atención sobre la responsabilidad que los cristianos tienen en la formación de sus futuros pastores y estimular en ellos que recen por los actuales seminaristas y para que la voz del Señor se siga escuchando y que colaboran con su afecto y su aportación económica a la formación de sus futuros ministros. Ese es el objetivo fundamental.

- ¿Qué se espera del Día del Seminario en este 2012?
- Se espera que el Seminario se sienta entrañado, acogido, arropado por las comunidades cristianas de la Iglesia de Madrid, en todas las dimensiones. Que los seminaristas ofrezcan su testimonio, como lo van a hacer, a las parroquias donde podemos llegar y que sea cauce para que la llamada del Señor sea escuchada y acogida por aquellos cuyo corazón el Señor disponga. ¿Qué se espera? Que el Seminario se sienta estimulado en su delicada tarea de la formación sacerdotal por el afecto y oración de los cristianos de Madrid y también por la generosidad de sus aportaciones porque el mantenimiento del Seminario y la Universidad, donde se forman intelectualmente, tiene sus costes. Una buena formación tiene su coste económico.

- ¿Se ha notado el efecto de la JMJ en la Pastoral Vocacional? ¿De qué manera?
- La JMJ ha sido un acontecimiento de gracia cuya hondura y cuyos efectos son difíciles de poder calibrar a medio año vista. El Papa ha hecho una gran siembra vocacional, de hecho, uno de los motivos que permanentemente estaban presentes en las distintas intervenciones del Santo Padre era estimular a los jóvenes a que vivieran su vocación cristiana, indudablemente también dentro de la vida sacerdotal. Eso genera preguntas e interrogantes, es como la semilla que cae en la tierra del corazón de los jóvenes y que está llamada a fructificar y germinar en el momento en que el Señor quiera. Estoy seguro que la JMJ que se ha celebrado en agosto va a ser una fuente de vocaciones a la vida sacerdotal, a la vida religiosa, a la vida matrimonial porque ha sido una siembra que con la gracia de Dios será muy fecunda.

Todas las intervenciones del Papa tenían un matiz vocacional, de pastoral vocacional.

-¿Cómo se va a trabajar por los frutos de la JMJ y en la línea de la Nueva Evangelización, a la que nos ha invitado el Papa?
- Evidentemente, desde el punto de vista de lo que es la vida del Seminario y la formación de las vocaciones, la palabra del Papa es para todos nosotros una urgencia a evangelizar, a presentar el testimonio de Cristo Vivo, Viviente, Salvador y Esperanza para el mundo. Pero desde el punto de vista también de esta fiesta del Día del Seminario es una invitación a secundar esa siembra vocacional que ha hecho Benedicto XVI. Se trata de que cada seminarista presente y ofrezca el testimonio irradiante de lo que es la propia experiencia vocacional, como sustitución lo hace el Seminario, pero cada uno de los seminaristas de corazón a corazón, de joven a joven. Es una experiencia para cada seminarista muy central en su vida, tan central que les implica la totalidad de su ser, y que están llamados a compartir y a ofrecer con aquellos que sientan una llamada similar. El `Ven y verás` del Evangelio, que le dice Andrés a Pedro para llevarle al Señor, se sigue repitiendo también en la experiencia de los futuros sacerdotes. Aquí tenemos una tarea muy importante de secundar la siembra vocacional que hizo el Santo Padre para hacerla concreta, real, compartida con jóvenes.

-¿Cree que hoy ha disminuido el número de los jóvenes con vocación a la vida sacerdotal o, por el contrario, teniendo en cuenta el descenso en general de la natalidad sigue habiendo muchos jóvenes que consideran esta opción de vida como muy atractiva?
- Ha descendido, evidentemente, al menos en la Iglesias de Europa, de vieja tradición cristiana. ciertamente, hay muchos menos jóvenes porque ha descendido la natalidad, pero tampoco hay que olvidar que hay una vida muy secularizada, en donde el ruido de la secularización impide muchas veces que la palabra del Señor sea acogida y escuchada con serenidad en el corazón y seguida con generosidad. En estos países de vieja tradición, por desgracia, estamos viviendo en un momento de escasez vocacional. Hoy los futuros sacerdotes son un bien escaso, con lo cual se hace más fuerte, más viva la exhortación del Señor en el Evangelio de “Orad al dueño de la mies para que envíe nuevos obreros”. Esta es la realidad que estamos viviendo, pero que por otra parte, nos abre a una esperanza. La oración nuestra es una oración en el vacío, que se apoya en la misma palabra de Dios que dice: “Os daré pastores según mi corazón”. Y esa promesa de Dios se va cumpliendo, unas veces con un número mayor, otras con un número menor pero –yo soy testigo, en la JMJ había miles de seminaristas- de que el Señor cumple su promesa. ¿Qué no están todos los que se necesitan? Es un interrogante para que la Iglesia y las comunidades cristianas, las parroquias, los colegios, caigan en la cuenta de esta responsabilidad que es común para todos.

- ¿Con cuántos seminaristas cuenta el Seminario de Madrid del que usted es Rector?
- En la actualidad hay 133 futuros seminaristas este año, un número un poco mayor que el año pasado y en línea con el crecimiento que ha habido general respecto al año pasado, un 4%, y es una cifra significativa en números absolutos. Somos el Seminario más numeroso en términos absolutos. Primero, hay que dar las gracias a Dios, y segundo, tiene que ser un estímulo para seguir orando, para que el Señor siga llamando a muchos jóvenes, para seguir trabajando espacios de libertad cristiana, donde la voz del Señor sea escuchada y el Señor se convierta en el centro vital por el cual un joven entrega su vida y sea también estímulo para que muchos jóvenes, a la luz de ver a los seminaristas, se pregunten ¿y yo por qué no?

- ¿Son muchos extranjeros?
- El Seminario de Madrid es Seminario Diocesano, aún así tenemos la experiencia de acoger un número reducido de hermanos seminaristas de otras diócesis que vienen a formarse a nuestro Seminario y es para nosotros una gran riqueza. Doy gracias a Dios por poder tener hermanos de Puerto Rico, Ruanda, Ecuador, que en total no pasan de 10 pero que nos abren el horizonte a la catolicidad de la Iglesia y nos permiten que la formación para la Iglesia de Madrid se enriquezca con perspectivas y horizontes de otras Iglesias hermanas que confían en nosotros.

- ¿Se necesitan vocaciones en la Diócesis de Madrid en estos tiempos que vivimos?
- Evidentemente sí. Cada Iglesia particular contempla sus propias necesidades pero no puedo hacerlo de una manera asilada del resto de las Iglesias. La necesidad de que haya servidores del Evangelio con la Palabra, con la vida, que haya sacerdotes que celebren la Eucaristía, que bauticen a los niños, que bendigan a los matrimonios, que atiendan a los enfermos… Es una necesidad que nunca estará totalmente satisfecha, siempre tanto en Iglesias de España u otras latitudes del mundo, los sacerdotes que van al Tercer Mundo, debe ser un reclamo, una permanente preocupación para todos los cristianos y para todas las Iglesias.

-¿Cuál es el perfil de un joven seminarista?
- Es una pregunta complicada porque el Seminario de Madrid tiene una edad media de 26 años, es un Seminario muy plural en la procedencia de los muchachos. Sienten la llamada desde los 18-19 años hasta alguno con edades de vida profesional y biografías con una obra original de Dios. Suelo decir que cada seminarista es un milagro de Dios en los tiempos que corren, con su propia historia personal, humana, cristiana, espiritual, por tanto, hacer un retrato robot no es fácil en lo que es la personalidad humana que presenta. El Seminario de Madrid tiene un grupo de seminaristas de alta calidad humana y cristiana pero el común denominador de todos es de índole espiritual: están aquí porque han sentido la llamada del Señor y están aquí porque han tenido la generosidad de fiarse de Él, ponerse en sus manos y caminar detrás de Él con la ilusión y deseo de ser algún día sacerdotes al modo y a la imagen del buen pastor. Ese es el común denominador, probablemente igual que a los Doce que llamó el Señor, cada uno de un ámbito distinto y todos se sintieron vinculados por la misma llamada, por el mismo amor y por la misma misión.

- En la carta del Cardenal para el Día del Seminario se pregunta ¿Acaso la escasez de vocaciones no son una muestra de debilitamiento de la fe o mediocridad de la vida cristiana?
- Es una pregunta muy certera que puede apuntar a una posible carencia en algunas comunidades cristianas. Lo respondo desde el constatar que donde se cultiva la vida cristiana con hondura, con fidelidad a la Iglesia, al Evangelio, con un planteamiento de la vida como amor hecho servicio, ahí surgen siempre las vocaciones. Donde la vida cristiana no se cultiva con intensidad, es una vida un poco mediocre, evidentemente la vocación sacerdotal, de entrega total, es difícil que surja, aunque para ellos no hay nada imposible, aquí han venido vocaciones de todos los ámbitos pero la normalidad la marca el Cardenal, si no se cultiva la vida cristiana, será difícil que surjan las vocaciones al sacerdocio, al matrimonio entendido cristianamente o a la vida religiosa.