Un verdadero diálogo es siempre un encuentro entre personas y no sólo un intercambio de ideas (Francisco)

Monumento a las víctimas, bajo precinto

Pedro Herráiz. Filósofo.- En estos últimos días, ocho años después, se ha comenzado a rendir honor a las víctimas de los atentados del 11-M. De la furia demoledora de pruebas, al desguace de la memoria y de la historia, ha resistido piadosamente un tramo del vagón donde explosionó una carga en la estación de Santa Eugenia. Con independencia de los posibles intereses o casualidades, de su valor como prueba judicial,  la manera en que ha sido preservado de la destrucción este monumento a la realidad de los hechos constituye un verdadero relato de la peripecia de la dignidad de todos como ciudadanos.  

Cortado, separado del material reutilizable, ese tramo ha sido preservado de modo marginal, arrumbado en un rincón,  como testigo de la verdad; finalmente cubierto con unas chapas en cuanto ha recobrado su significado, y precintado como catafalco donde yace la dignidad de todos nosotros. La vida de los que fueron asesinados no se puede restituir, pero la dignidad de ellos, de sus familias, y la nuestra se reclama dueña de ese único monumento verdadero. Cualquiera que sea el valor procesal como material de prueba, ese vagón contiene el sentido de la historia cuya verdad se ha de poner al frente para saber quiénes somos, para no engañarnos, para no escondernos, para no quedarnos en una perpetua minoría de edad política, paralizados y chantajeados por el miedo.

Todo lo demás en esta fecha son maniobras de distracción, y en esa medida, sospechosas, con todo el derecho del mundo. Sabemos el sentido fundacional de las fechas, lo saben también quienes se han empeñado en lavarlo y desguazarlo desde aquel mismo día.