La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

PENA DE MUERTE VICARIA

Pedro Herráiz. Filósofo.- Leo en una pintada reciente: “aborto libre y gratuito”, firmado por una “acción feminista”. Ya sé que es darle publicidad, pero las cosas que se ven en la calle no hay que callarlas, hay que dar la cara ante ellas, porque todo el mundo las ve. Cuántas veces hemos hablado de esto, y lo básico sigue igual: ha calado el enfoque meramente legal al considerar la realidad de abortar. Es más, la acción de abortar y su justificación se cuenta entre las señas de identidad de lo progresista, no ya del progresismo extremo. Nos preguntaremos qué clase de progreso es ese, pero los que se adhieren a él lo saben muy bien: liberación de la mujer. Esta vinculación de aborto, liberación y mujer es espectacular, sin duda, pero es lo que tenemos que desenmascarar para derivar el discurso del aborto hacia su realidad.  

No voy a entrar en cifras sobre los distintos supuestos legales de aborto. Sobre los plazos solo hay que mencionar el flagrante desprecio de la ciencia, sagrado criterio para quienes los invocan. No hace falta repasar cuántos abortos se hacen por peligro para la madre, por violación o por malformaciones del feto; lo que parece se pretende recuperar. En todos los casos se trata de un veredicto de pena de muerte vicaria.

El modelo es el aborto en caso de violación, porque los demás supuestos tienen sentido entendidos como violación: violación del sacrosanto derecho a la vida digna promulgado, tras la correspondiente “lucha de la sociedad civil”, por la asamblea de las naciones unidas para la vida confortable. Es verdad que la vida confortable es  el objetivo de la ciencia y la tecnología desde hace trescientos años, y entonces significaba establecer lugares para evacuar, lavaderos y conducciones de aguas sucias y limpias. Ahora sigue el tema de la limpieza, pero vemos que se lleva a la “limpieza étnica”, la “limpieza cultural”, la “limpieza ideológica”, la “limpieza histórica”. Todo, incluso abortar, muy limpio.

El modelo del abortar por violación lleva a matar a un inocente del acto, en sustitución del autor de la violación, ya que la ley impide el castigo del violador con la pena de muerte: no te puedo matar, pero te mato en tu descendencia. Todo se refiere a unas situaciones y experiencias de las que la criatura es absolutamente ajena, considerada sólo como “mía” o “tuya”, sin realidad propia. Igual en los otros casos: ¿qué culpa tiene de su enfermedad, o de la tuya? Claro que es duro; por eso hay que arbitrar todos los medios para que ninguna madre se vea en la alternativa de abortar como única posibilidad. No es un derecho feminista: si quieren ayudar a abortar, que lo paguen con el dinero de su asociación. Por mi parte, que no vayan a la cárcel, pero que miren otras maneras más dignas de emplear su apoyo.