El socialismo español se juega a partir de hoy su futuro inmediato. La celebración del treinta y ocho Congreso en la emblemática ciudad de Sevilla, supondrá el adiós a la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero y la bienvenida a quien será responsable de las políticas socialistas y de la oposición al gobierno del Partido Popular. Zapatero tiene una última oportunidad de prestar un servicio a España con una despedida ajena a las utopías ideológicas de los últimos años. Y el PSOE tiene la oportunidad de una cura de realismo, de una rectificación en la línea de la mejor socialdemocracia europea, alejada de radicalismos culturales. Lo que ocurre es que ninguno de los candidatos parece apostar por esa línea.
Rubalcaba representa al viejo PSOE, con la memoria positiva de la Transición pero también con el fardo de los escándalos y de una marrullería política para la que resulta especialmente dotado. Chacón sería la pervivencia del ensueño zapaterista con sus pretensiones de ingeniería social. No ha sido posible, de momento, una tercera vía, la que podría encarnar el alcalde de Toledo, García Page, que quizás espera su ocasión. De este congreso saldrá un cambio de caras y de nombres en la dirección socialista, pero el debate de fondo parece aparcado. España afronta unos años cruciales para el futuro, y necesita una izquierda moderna y centrada, que contribuya a esta travesía.

















