La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Se alegran como si les dieran la vida

Octavio Roncero, periodista.- Están matando a muchos cristianos en muchas partes del mundo. Pero es un asesinato inútil, pese a que siempre ha sido así y siempre lo será, pero por cada por cada cristiano que matan se fomenta más el cristianismo. Cada muerto es un nuevo mártir y cada mártir fomenta las vocaciones de nuevos cristianos.

El mismo Dios decía a sus seguidores que serán perseguidos en su nombre. Los asesinos de cristianos también existían en el siglo I de nuestra era. Los de ahora están cayendo en los mismos errores que se cometieron entonces, cuando había, como hay entre algunos grupos de hoy, un desconocimiento general de la doctrina cristiana y ese desconocimiento daba y da lugar a tergiversaciones y acusaciones infundadas, con lo que la condena oficial contaba, entonces, con un instrumento legal de represión. Una sola persona podía ser condenada a muerte por el solo hecho de ser cristiano, como se hace ahora en algunas partes del mundo. En aquel entonces eran las autoridades romanas, ahora son muchos por odio a los cristianos, sin razón alguna que los avale.

Es curioso, pero entonces, siglo I, y ahora siglo XXI, se mata a los cristianos por desconocimiento de su doctrina. Entonces se decía “Hacen el bien y son castigados como malvados” Lo mismo que ahora. Entonces también se decía “ante la pena de muerte se alegran como si les dieran la vida” Lo mismo que ahora. Muchos cristianos murieron asesinados perdonando a sus verdugos en la”guerra civil” española, y siguen muriendo así en todas partes del mundo Parece que no ha pasado el tiempo.

Para evitar esta aberración los cristianos de aquel entonces acudieron a la apología (ciencia que expone las pruebas y fundamentos de la verdad religiosa católica). Pero en el siglo II ocurrió un hecho inaudito. Un  obispo cristiano, llamado Cuadrado, compuso un escrito apologético y lo dirigió públicamente al emperador Adriano para denunciar la injusticia que sufrían los cristianos. El cristianismo dejó de esta forma de ser un asunto privado de ciertas comunidades para confrontarse por el mundo.

Entre los muchos apologistas que surgieron entonces hubo uno, cuyo nombre se desconoce que escribió en griego, también en el siglo II la Epístola a Diogneto de la que copio, por su interés, los primeros párrafos: “En cuanto al misterio de la religión propia de los cristianos, no esperes que lo podrás comprender de hombre alguno. Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de los hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas y bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de  vida admirable y por confesión de todos, extraordinario.”

 

Y así sigue. Es una maravilla de lenguaje.