La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Iberoamérica

 Jaime Rodríguez-Arana, catedrático de derecho administrativo y actualmente preside el foro iberoamericano de derecho administrativo.

 

Mientras Europa y los Estados Unidos se encuentran en plena crisis económica, Iberoamérica, en opinión del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luís Alberto Moreno, está en su década prodigiosa. Antes, en las crisis económicas de amplio espectro los países desarrollados debían salir al rescate de los países en vías de desarrollo. Ahora, sin embargo, y por sorprendente que pueda parecer, quienes están en mejores condiciones de apoyar son Asia e Iberoamérica. 

 

En efecto, según las estimaciones del BID, en muy poco tiempo Chile tendrá ya la renta per cápita de un país desarrollado y enseguida se le acercarán Brasil, Argentina, México, Colombia y Perú. En estos momentos Iberoamérica ocupa ya posiciones de privilegio a nivel global en la producción de bienes básicos y de minerales tan relevantes como puede ser del litio. ¿Cuál es, pues, la causa del  despegue de la región?. La capacidad de los gobiernos democráticos del presente de introducir disciplina en los indicadores macroeconómicos y la aceptación del pueblo a estas decisiones, lo que ha conducido a que setenta millones de seres humanos hayan salido del umbral de la extrema pobreza y a que la región haya salido relativamente indemne de una crisis económica y financiera tan fiera como la actual

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¿Qué es lo que ha pasado para que en plena crisis global Europa y EEUU no levanten cabeza y la región latinoamericana disfrute de una cierta bonanza económica?. Los expertos hablan de que estos países han sabido aplicar las recetas macroeconómicas más adecuadas. Así, en este contexto, ha sido posible adoptar medidas económicas de estímulo y contener el déficit público en un entorno del 4%, cuando en España se ha disparado de forma alarmante. Por estos lares nos hemos lanzado a un irresponsable aumento del gasto público hipotecando las condiciones de vida de las nuevas generaciones evitando adoptar las medidas del caso por miedo a perder apoyos electorales. En Iberoamérica, en términos generales se está practicando una política económica solvente y responsable en la que la contribución de las empresas al desarrollo está siendo decisiva. Ello explica, por ejemplo, que Chile o Brasil hayan podido superar con cierta holgura la caída de materias primas de las que tanto dependen.

 

Nada menos que 600 millones de consumidores que representan el 9% del PIB mundial constituyen una buena demostración del poderío iberoamericano. Según todos los indicadores económicos, la hegemonía del Norte está a punto de concluir y se está produciendo un cambio del centro de gravedad del mundo que ahora gira hacia el Sur y hacia el pacífico. En concreto Iberoamérica dejará en este siglo su condición de continente en desarrollo para erigirse en un continente puntero y de vanguardia pues cuenta ya con capacidades y ventajas estructurales que pueden colocarle a la cabeza del desarrollo económico mundial. Iberoamérica está incluso ya en este momento en mejor posición que Asia para beneficiarse en esta década del proceso globalizador pues tiene el mejor sistema financiero regional del mundo: dispone de un reducido apalancamiento, bajos niveles de morosidad y una alta rentabilidad.

 

Desde el punto de vista cultural y social, las condiciones para el despegue son también óptimas. En la sociedad iberoamericana, a pesar de la existencia de luces y de sombras, de no pocas desigualdades y de una alta corrupción, los valores humanos están bien presentes y la institución familiar es central para la vida de las personas. Los gobiernos, unos más que otros, están preocupados por mejorar los patrones de institucionalidad y por el compromiso con los derechos humanos. La Universidad está pujante, los alumnos estudian, tienen hambre de conocimientos, el fracaso escolar es más bajo que en Europa. Es posible poner en marcha iniciativas de vanguardia porque los prejuicios apenas existen.

 

Iberoamérica es un continente abierto a la vida, al conocimiento. Hay problemas que todos conocemos pero la realidad muestra que el continente está comprometido en un desarrollo plenamente humano con especial referencia a los más pobres y desfavorecidos. En no mucho tiempo estarán en el lugar del concierto global que se merecen. Y, mientras, Europa sigue presa del mercantilismo renunciando a los legados de humanismo y de solidaridad que tanto bien hicieron al mundo y que, no lo olvidemos, forman parte de su identidad aunque ahora no se quiera reconocer.

 

En fin, España no se puede entender sin Iberoamérica, e Iberoamérica no su puede comprender sin España. Cuantos españoles e iberoamericanos hemos comprendido acabadamente lo que somos de la mano de nuestra común identidad. Somos pueblos hermanos que el océano, más que separar, une de esa manera tan especial. Ahora, en la nueva etapa que se avecina, Iberoamérica y España deben trabajar conjuntamente para demostrar al mundo que nuestra cultura común y nuestra forma singular de entender la realidad pueden imprimir un nuevo ritmo a la solución de los problemas que laceran tanto a la humanidad.