La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Mons. Iceta anima a las familias a “inscribir a sus hijos en la clase de religión”

Ante la apertura del período de inscripciones de alumnos para el próximo curso escolar, que comienza el próximo lunes, día 30, y hasta el 10 de febrero, el obispo de Bilbao, Mons. Mario Iceta, anima en una carta a las familias a apuntar a los hijos a la asignatura de religión católica y hace una reflexión sobre la actualidad de la enseñanza religiosa en la escuela, “desde el convencimiento profundo de su carácter abierto, plural e integrador de culturas, saberes, aptitudes, valores humanos e inquietudes sociales”. 

El obispo se dirige a las familias, alumnos y comunidades educativas para recordarles que “la clase de religión es un derecho a ejercer dentro del marco legal” de la legislación europea, la Constitución española, la Ley Orgánica de Educación y la Ley de la Escuela Pública Vasca, que garantizan y regulan este derecho. Por lo tanto, añade, los centros escolares tienen el deber legal de ofertar la clase de religión, “desde Educación Infantil hasta Bachillerato».

Además, recuerda que estamentos como el Consejo Europeo de la Educación “insisten en la necesidad de la cultura religiosa en las aulas” y así se constata cuando la práctica totalidad de los países de la Comunidad europea incorporan la religión al sistema educativo y mantienen acuerdos con distintas confesiones religiosas, con variadas alternativas. “Lamentablemente la enseñanza religiosa se ve sometida a presiones de diverso tipo y desde diversas instancias con el fin de excluirla del ámbito educativo público o disuadiendo a los padres de apuntar a sus hijos en dicha asignatura, utilizando argumentos poco solventes, muchas veces de marcado carácter ideológico, pero, ante todo, lesionando la libertad de las familias a ejercer un derecho fundamental que les asiste. Las diversas administraciones y los mismos centros educativos tienen el deber de velar para que la legalidad sea respetada y favorecer ante todo la libertad de las familias de elegir la educación conforme a sus convicciones, tal como promulga y sostiene nuestro ordenamiento jurídico fundamental”, afirma.

Reconoce que, “en primer lugar, la asignatura de religión es una oportunidad, una opción por una educación de dimensión religiosa, personal y social, que el mensaje cristiano y la Iglesia ofrecen junto a otros saberes y legítimas opciones, en diálogo con ellos”. En este sentido, señala que “tanto la escuela laica como la escuela confesional, pública o concertada, están llamadas a integrar saberes y valores, conocimientos y aptitudes, a ser inclusivas, en diálogo y convivencia con el mundo de las religiones y sus culturas, a educar en la competencia espiritual, como elementos de una educación integral”.

“Quisiera recordar a las familias cristianas la importancia de inscribir a sus hijos e hijas en la asignatura de religión. Una auténtica educación significa introducir a la persona en la totalidad de la realidad; de ahí la necesidad de que abarque todas las dimensiones de la persona”. Y añade que “la educación religiosa contribuye a encontrar respuesta a las preguntas más profundas de nuestra vida y el sentido último de nuestra existencia: de dónde vengo, cuál es el sentido de la vida, qué me cabe esperar, qué significa amar, por qué es preciso perdonar, cuál es el sentido de la enfermedad, qué significa la muerte, cómo construir una sociedad justa y solidaria, enraizada en la verdad y el bien común, que sea acorde a los anhelos profundos del corazón humano” y, además, “favorece enormemente el crecimiento personal y contribuye decisivamente a la edificación de una sociedad y un mundo enraizados en la verdad y el bien, el respeto mutuo y la tolerancia, el amor y el perdón, la solidaridad y la gratuidad, la justicia y la paz, la compasión y la misericordia, en la ayuda a los más necesitados y en la protección y tutela de los débiles. Su contribución es altamente positiva para la humanización de un mundo que se siente tantas veces tentado por el afán de tener, del dominio y del poder, que genera sufrimiento e injusticias”.

Concluye señalando que “nos ayuda a valorar nuestra cultura, de profundas raíces cristianas, y a hacernos partícipes de un legado que ha configurado nuestro modo de ser, tanto a nivel personal como social, y ha constituido uno de los fundamentos de nuestra civilización, que resulta difícilmente inteligible sin la referencia al cristianismo. Éstas y otras muchas razones deben orientar y animar a los padres cristianos a inscribir a sus hijos en la clase de Religión”.