La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Comienza la desintoxicación ideológica

De todas las críticas contra la batería de propuestas del Gobierno, la más sorprendente es la referida a la restauración de la independencia judicial. Tiene razón el ministro Ruiz Gallardón cuando afirma que «no podemos seguir con la imagen de politización de la Justicia en España». Lo inaudito es que haya pasado un cuarto de siglo sin que nadie haya derogado, en lo esencial, la ley Ledesma con la que Felipe González sepultó la separación de poderes, pilar de un Estado de Derecho. Resulta bochornoso que el PSOE y algunos grupos nacionalistas acusen al nuevo Gobierno de romper el consenso parlamentario, porque demuestran así que su idea de consenso consiste en que los partidos se pongan de acuerdo para usurpar atribuciones que no les corresponden.

La Constitución establece que la mayoría de miembros del Consejo General del Poder Judicial debe ser elegida por los propios jueces y magistrados, según criterios de competencia y profesionalidad. Esto no le satisfacía al Partido Socialista, que modificó el sistema en 1985 para que los jueces denominados progresistas pudieran copar mayores cotas de poder. Sólo una justicia de izquierdas es auténtica justicia, según esta perversa lógica. Sobra contaminación ideológica. Hacía falta que entrara aire fresco en nuestra democracia. Sólo por esto ha merecido ya la pena un cambio de Gobierno.