La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

PREGÓN OFF THE RECORD

Pedro Herráiz. Filósofo.- Accidentada memoria de S. Francisco de Sales en Valladolid. Menudo revuelo. Las palabras vuelan, se mezclan y resultan un explosivo. Hay mucha necesidad, de llamar la atención lo primero. Para quienes dependen de lo público no hay alternativa: hay que hacerse leer. Por eso se llevan tan bien la prensa y los políticos –lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien-. Y algunos lo llevan por el catón.  

En cambio, los obispos cada vez tienen más restringido el púlpito. Unos voceros transmiten tan a su aire que cualquier parecido con la verdad termina siendo pura equivocación. Otros se escudan en el rigor, y ponen por delante una máscara de alta fidelidad para pasar por alto lo más obvio. Todos dicen sin sonrojarse  que su mayor deseo es dar buenas noticias.

Ya se ha pasado el sofoco. Llamadas a unas y a otros, desmentidos, puntualizaciones y, tal vez, rectificaciones. Todo estaba grabado para poder documentar la verdad que se sospechaba amenazada. Juegos de móviles sobre la mesa, manos nerviosas, ávidas, en el postre. Sólo una pregunta ha trascendido, impúdica. ¿Qué vergüenza acalla las demás?  Una desvergüenza mayor lo hace.

Muy oportuno habría estado recordar algunas palabras del mensaje que el Papa Benedicto dirige a los comunicadores con motivo de la festividad de S. Francisco de Sales y hacia la jornada mundial de las comunicaciones sociales en mayo: “Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial.” El papel de saber callar para escuchar, de preguntar para  buscar la verdad en la respuesta, y trasmitirla con fidelidad al silencio, la palabra, las imágenes, los sonidos y los gestos; el ir más allá de la dialéctica del antagonismo entre silencio y palabra, considerándolos integrantes del “ecosistema” de la comunicación de la verdad.

Hay tiempo hasta mayo para pensar sobre las propuestas de Benedicto XVI, pero me temo que es más fuerte la urgencia que lo necesario, y seguirán blandiéndose los móviles grabadores, armas de una comunicación como esgrima, a ser posible con sangre; mientras no llegue al río –o sí-.