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José Luis Méndez, Delegado de Pastoral de la Salud: “La fe salva y cura del pesimismo del sinsentido y de la ausencia de esperanza”

Un año más, la Delegación diocesana de Pastoral de la Salud organiza las Jornadas Diocesanas de Pastoral de la Salud, que este año tienen como lema ‘Levántate, tu fe te ha salvado’. El encuentro se desarrollará del 8 al 11 de febrero, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero, en la festividad de Nuestra Señora de Lourdes, y el inicio de la Campaña de Pastoral del Enfermo.

 

El nuevo Delegado diocesano de Pastoral de la Salud, José Luis Méndez, explica en esta entrevista que la enfermedad, desde una perspectiva en la que no se puede descubrir el sentido del dolor y el sufrimiento, puede parecer que no “renta”; sin embargo, esta apreciación es incierta.

 

P.- ¿Cuáles son los objetivos principales de la Jornada Mundial del Enfermo?

R.- Los objetivos están en conexión con los que exponía el Beato Juan Pablo II en la Carta al Cardenal Fiorenzo Angelini, Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Agentes Sanitarios (13-5-1992), con ocasión de la institución de la Jornada Mundial del Enfermo:

 

“La celebración anual de la Jornada mundial del enfermo tiene, por tanto, como objetivo manifiesto sensibilizar al pueblo de Dios y, por consiguiente, a las varias instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos; ayudar al enfermo a valorar, en el plano humano y sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento; hacer que se comprometan en la pastoral sanitaria de manera especial las diócesis, las comunidades cristianas y las familias religiosas; favorecer el compromiso cada vez más valioso del voluntariado; recordar la importancia de la formación espiritual y moral de los agentes sanitarios; y, por último, hacer que los sacerdotes diocesanos y regulares, así como cuantos viven y trabajan junto a los que sufren, comprendan mejor la importancia de la asistencia religiosa a los enfermos”.

 

P.- ¿Cómo se implica Madrid en esta celebración diocesana?

R.- Lo hace en la celebración de las Jornadas diocesanas, previstas para los días previos –del 8 al 10 de febrero-, y que culminarán con la celebración eucarística el sábado día 11. Además, en las diversas Vicarías se realizan cursos de formación para los visitadores de enfermos, que se prolongan hasta la celebración de la Pascua del Enfermo, el sexto domingo de Pascua, y que este año coincide con la fiesta de Nuestra Sra. de Fátima, el 13 de mayo.

 

P.- “Levántate y vete; tu fe te ha salvado” es el lema elegido este año para las Jornadas. ¿Por qué se ha elegido este lema?

R.- El lema de las Jornadas lo propone el Departamento de Pastoral de la Salud de la Comisión de Pastoral de la CEE. En campañas anteriores hemos profundizado en los sacramentos, descubriendo que la fe nos lleva a la celebración que fortalece la vida y la transforma. El anhelo de obtener la curación de las enfermedades es tan antiguo como la aspiración a la existencia y a la salud. En el don de la fe se abre el ser humano a la fuerza curativa y salvadora que proviene de Dios y actúa en el interior de la persona. Con el lema propuesto para este año, pretendemos reflexionar sobre la necesidad de sanación y salvación del hombre de hoy, y sobre los caminos a través de los que la busca; además, queremos estudiar el poder curativo-salvífico de la fe en la enfermedad; cultivar la dimensión saludable de la fe y de los sacramentos en la vida; y celebrar el poder curativo de la fe y de los sacramentos en la enfermedad.

 

P.- ¿Es importante que la gente conozca el mundo que rodea la Pastoral de la Salud en estos tiempos que vivimos?

R.- En la citada carta del Papa se afirma que “la Iglesia que, a ejemplo de Cristo, siempre ha sentido el deber del servicio de los enfermos y los que sufren como parte integrante de su misión (Dolentium hominum, 1), es consciente de que en la aceptación amorosa y generosa de toda vida humana, sobre todo si es débil o enferma, la Iglesia vive hoy un momento fundamental de su misión” (Christifideles laici, 38). Y no deja de subrayar el carácter salvífico del ofrecimiento del sacrificio que, vivido en comunión con Cristo, “pertenece a la esencia misma de la redención” (cf. Redemptoris missio, 78).

 

En este sentido, nos parece muy importante que se conozca lo que rodea la Pastoral de la Salud. “La caridad de Cristo nos urge” (2 Co 5,14) a manifestar esa caridad a los más necesitados y desamparados, entre los que se encuentran los enfermos de todo tipo. Además, nos ayuda a prepararnos a vivir la enfermedad, puesto que lo normal es que, de algún modo, termine haciéndose compañera de todos. Y también, en no menor medida, para que en este tiempo sepamos agradecer cuánto dolor, soledad y sufrimiento está siendo ofrecido por nosotros y siendo el instrumento por el que Dios, porque así lo ha querido, nos está salvando.

 

P.- En la sociedad que nos ha tocado vivir, para gran parte de las personas la enfermedad no “renta”… ¿cómo cree que podemos cambiar esto?

R.- Puede parecer que no “renta” desde una perspectiva en la que no se puede descubrir el sentido del dolor y del sufrimiento. Me remito a lo expresado en la pregunta anterior. En cuanto a cambiar esto, antes que grandes discursos sería necesario el camino del testimonio: el modo en que acompañamos a los enfermos y sus familias, la preocupación por fomentar y cuidar el voluntariado para acompañar –en sentido amplio– a los enfermos, el cuidar a los cuidadores…

 

“Los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo hablar de Cristo, sino en cierto modo hacérselo ver. ¿Y no es quizá cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio?” (Beato Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo milenio ineunte, 16).

 

En esta dirección ya se hacen muchas cosas, y hay ejemplos abundantes entre las instituciones religiosas en cuyo carisma está el cuidado de los enfermos, los voluntarios que visitan a enfermos en hospitales y en sus hogares..; quizá deberíamos aprender a darlo a conocer más.

 

P.- “En el don de la fe se abre el ser humano a la fuerza curativa y salvadora…” ¿Es posible esto?

R.- “El grito de Jesús en la Cruz no delata la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre en el amor para la salvación de todos. Mientras se identifica con nuestro pecado, abandonado por el Padre, él se abandona en las manos del Padre. Fija sus ojos en el Padre” (Beato Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo milenio ineunte, 26). La fe nos abre a participar de este misterio, a darle sentido salvífico sobrenatural a la enfermedad, nos abre a la esperanza de la resurrección, y nos posibilita vivir la misma realidad de un modo radicalmente distinto. En este sentido, la fe salva y cura del pesimismo del sinsentido y de la ausencia de esperanza.

 

P.- ¿Cómo animaría a participar en las Jornadas?

R.- Les invitaría en primer lugar a mirar a Cristo y dejarse trasformar por su amor a todo hombre. Desde ahí, dejarse transfigurar por ese amor, lo que les llevará a diferentes compromisos de caridad, que ya no serán fruto de un voluntarismo (que no supera las dificultades de la perseverancia y el sufrir con los que sufren), sino fruto de un impulso interior que, teniendo como fuente el amor de Dios, también es fruto de nuestra decisión. Sólo después animaría a que “materialicen” esa caridad en la ayuda al que sufre. Y estas Jornadas Diocesanas son un cauce para esa concreción.