La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Un año de rebeliones árabes: todo está por hacer… y por ver

De momento, la “primavera árabe” se ha saldado con una victoria electoral aplastante de los islamistas allí done se han celebrado elecciones. Igual pasará en Yemen cuando la marcha del presidente Saleh, el cuarto dictador árabe expulsado del poder en el curso de un año, desencadene el lógico proceso de reformas democráticas . Y si la oposición siria consigue algún día provocar la destitución del presidente Bachar El Asad, también ocurrirá lo mismo, porque el Islam está en el ADN de los pueblos árabes y en esto no hay sorpresa alguna.

Sin embargo, sería demasiado atrevido afirmar que con el triunfo de los partidos islamistas más o menos moderados, ha acabado el movimiento revolucionario desencadenado en Túnez con el suicidio “a lo bonzo” de un joven vendedor ambulante de frutas y verduras, encarcelado porque no tenía licencia municipal ni dinero para pagarla. En el mismo Túnez se suceden cada día los suicidios de jóvenes sin trabajo e igual ocurre en Marruecos a pesar de que su tasa de paro apenas llega al 10 por ciento y que el crecimiento económico supera el 5 por ciento, todo un milagro en plena crisis mundial.

El descontento se extiende por igual en Egipto donde ahora los “revolucionarios de At Tahrir” exigen al Ejército el abandono del poder mientras en Libia los observadores hablan de una larvada guerra civil, dado el descontento de algunas tribus que ya han provocado la dimisión del vicepresidente del Consejo Nacional de Transición… Salvo Marruecos, que ya se dotó de una Constitución que salvaguarda la autoridad religiosa del rey pero que otorga amplios poderes al Gobierno y al Parlamento, todos estos países, sin embargo, están inmersos en procesos constituyentes que desembocarán en nuevas elecciones legislativas y presidenciales cuyo signo apenas cambiará. Más aún: lo previsible es que los nuevos textos legales se inspiren en la “charía” o ley islámica, que cada país interpreta según las escuelas jurídicas predominantes pero que impregnarán las futuras reformas legislativas de sus preceptos, lo cual tampoco tendrá nada de extraño.
La oleada de frustraciones no tiene como fundamento –salvo mínimos excepciones- esta recuperada seña de identidad islámica, sino la falta de trabajo y los bajos salarios que sitúan a grandes núcleos de la población muy por bajo el nivel de pobreza. Esto significa que el reto para los nuevos dirigentes no está en acentuar más aún la enseñanza religiosa ni en vigilar en los espacios públicos la observancia de la moralidad según el Islam, tal y como ocurre desde hace decenios en países donde el maná del petróleo ha impedido, hasta ahora, una contaminación “democrática”, como en Arabia Saudita, por ejemplo. Pero no sería nada asombroso que sea este último país, conjuntamente con los ricos emiratos del Golfo donde se avivan las tensiones entre chiitas y sunnitas alimentadas por la vecina Irán de los ayatolás, quien esté llamado a sostener los nuevos sistemas políticos que emerjan, con tal de que se mantenga a raya el doble riesgo de una secularización de la sociedad o la emergencia de un radicalismo islamista tal y como lo practican los fanáticos terroristas de “Al Qaida” que, por asombroso que parezca, tiene en el punto de mira a la familia real saudí.

Es decir, vamos a ver  cómo en poco tiempo, se va combatir el Islamismo radical con más Islam. Puede parecer un contrasentido pero, de algún modo, ya está ocurriendo en Marruecos donde el pasado año el rey Mohamed VI ya dispuso la edición de un millón de ejemplares del Corán… para retirar las ediciones que provenían de Irán y otros países orientales, consideradas “sospechosas”, al mismo tiempo que se reforzaba la vigilancia de los “imanes” de las mezquitas por si pudieran alentar con sus “jotbas” o sermones algún tipo de rebelión contra el orden establecido.
Lo curioso es que en Islam que se aplica en Arabia Saudita es una de las versiones más rigoristas que se conocen; está basado en las enseñanza del fundador de una de las cuatro escuelas jurídicas más radicales, Ibn Hanbal, que en siglo IX dispuso que no había otra interpretación posible de los textos sagrados que su aplicación literal -lo que supone, entre otras cosas, la ley del Talión contraria a la declaración universal de los Derechos Humanos- frente a otras escuelas que se inspiran más en la razón, el esfuerzo espiritual o la  analogía. En todo caso, estas cuatro escuelas consideran que la “charía”, en sus diversas versiones, es vinculante para todo musulmán y, por lo tanto, es una ley que debe imponerse en todo el territorio islamizado porque no se concibe la libertad religiosa en el sentido que la entendemos en nuestro mundo occidental. Es como si los católicos pretendiésemos que el Catecismo se incorporarse a las Constituciones occidentales como norma moral de obligado cumplimiento…

En suma, las “revoluciones” árabes han reforzado el Islam pero no puede decirse que hayan concluido mientras no mejoren las expectativas económicas y la “dignidad islámica” recuperada se traduzca en una dignidad laboral y social. Quienes participaron en aquellos movimientos espontáneos de rebelión frente a las dictaduras han perdido el miedo al poder y mientras no mejoren las expectativas de un futuro mejor, van a estar en permanente vigilia frente a las nuevas autoridades.  De todas formas, en el ámbito político interno, la primera “prueba de fuego” para los islamistas emergentes, especialmente en Egipto, estará en el respecto a la minoría cristiana que, en principio, forma parte de las enseñanzas del Islam aunque no todos los islamistas lo hayan entendido así.  Y en el terreno de la política exterior queda por comprobar hasta qué punto serán capaces de mantenerse alejadas del radicalismo frente a Israel que propugnan un Hamás en Gaza o un Hizboláh en Líbano. Pero aquí entramos en el “gran juego” de los equilibrios internacionales donde Irán trata de participar con su baza nuclear y las amenazas del cierre del Estrecho de Ormuz. En otras palabras, las “primaveras árabes” quedarán en el baúl de los recuerdos si estalla otra crisis del petróleo y entra en danza la seguridad de Israel…