La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Fraga: un «magnífico» español

Luis Sánchez de Movellán de la Riva. Doctor en Derecho. Director de la Vniversitas CEU Senioribvs.- En estos tiempos que corren en que la nación española se disuelve, los nacionalismos desgarran la piel de toro y la casta política se refocila en la corrupción, se acaba de producir un hecho casi insólito: ha muerto un intelectual y político español hasta las cachas, honrado a carta cabal y que sirvió a su patria con ejemplaridad. Su trabajo esforzado por una España mejor, su capacidad de adaptación a las diversas coyunturas histórico-políticas y su sensibilidad para transformar una derecha autoritaria en una derecha moderna, democrática y capaz de encajar a España en el ámbito europeo, quizás sean algunas de las claves para entender la evolución personal y política de un servidor público apasionado que nunca dejó a nadie indiferente.  

Manuel Fraga Iribarne, hijo de gallego y vasco-francesa, pudo congratularse de ser un superviviente en política, aunque España perdiera con él a un magnífico presidente de gobierno en la nueva época de la II Restauración. Sus aspiraciones por llegar a La Moncloa, siempre fueron cercenadas por quienes –fueran nacionales o extranjeros- nunca le dejaron llegar, ya que interesaba más algún otro político más manejable -entre ellos Felipe González Márquez o, recientemente, Rodríguez Zapatero- y servidor de potencias extrañas e intereses espurios.

Tampoco le dejaron llegar a presidente del gobierno español, por cuanto Fraga se parecía (salvando mucho las distancias) a su paisano, el general Franco, pues a los que estaban apostados para mangonear y esquilmar a la España postfranquista no les interesaban hombres de carácter autoritario y menos a un Fraga que, aparte de tenerlo, era enormemente culto y versado en política nacional e internacional, sabía varios idiomas y como se decía: “en la cabeza de Fraga cabe todo, incluso el Estado”.

Don Manuel durante la Transición vio como otros le arrebataban desde un centro evanescente el poder. Y en una ingenuidad política inexplicable, sufrió traiciones como la de Jorge Verstrynge, abandonos como los de Fernando Suárez, equivocaciones como la de Hernández Mancha y conspiraciones como la de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Sus fracasos electorales al frente de una Alianza Popular, fundada en 1977 por los que la prensa denominó “Los Siete Magníficos” (Manuel Fraga Iribarne, Cruz Martínez Esteruelas, Licinio de la Fuente, Enrique Thomas de Carranza, Laureano López Rodó, Federico Silva Muñoz y Gonzalo Fernández de la Mora) que no acababa de consolidar una estrategia que llevara a la derecha al poder, hizo que abandonara sus aspiraciones de gobernar España y se volcara en su patria chica, Galicia, para hacerla su razón política.

La honradez de Fraga ha sido proverbial, pues pudiendo hacerse inmensamente rico, simplemente ejerciendo el poder que tuvo en su mano, solamente se hizo un chalecito en Perbes (La Coruña) -al que los terroristas gallegos del Exército Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe, por cierto, se lo volaron en 1988- y nadie ha podido decir nunca que se llevase ni una sola peseta (ahora euro) que no fuese suya.

Ahora y después de muerto, todo son alabanzas y parabienes. Hasta el comunista Carrillo, lo ha valorado enormemente, pero toda esta gente y en vida de “El Patrón”, como se le conocía en los ámbitos populares, sólo ha guardado silencios cobardes y cómplices cuando no murmullos sediciosos y aún calumnias deleznables.

No sólo fue honrado sino insobornable, cuestión ésta que viendo todo lo que nos ha caído después y que sigue cayendo, dan ganas de llorar y salir corriendo hacia el exilio. Aquí ya no se llora a los grandes hombres, sino que se les despide con falsas lágrimas de cocodrilo y con la ponzoñosa hipocresía de las grandilocuentes lisonjas, cuando ya no pueden responder a estos “plañideros” repugnantes y absolutamente despreciables por todos los españoles de bien.