La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Político cristiano

Ahora que Manuel Fraga nos falta se percibe con más claridad cuál ha sido su gran aportación a la vida pública española desde finales del franquismo. Fraga tenía una forma de hacer política que no nos conviene olvidar. Lo que él llamaba “el sentido cristiano de la vida”, que no ocultaba en ningún momento, le hacía concebir la política como una tensión ideal, no sólo como un juego de poder o un instrumento técnico. Su larga experiencia no le privaba de lo que algunos pueden considerar cierta ingenuidad. Más bien era una concepción de la gestión pública como servicio al pueblo.

Eso le permitió contribuir a fraguar una derecha plenamente democrática con capacidad para gobernar, cimentar esa gran obra de reconciliación entre los españoles que fue la transición y elevar el nivel en el debate de las ideas. En su trayectoria, sin duda, hubo aciertos y errores. En lo que no erró fue en concebir la vida pública como vocación, como respuesta y servicio a la gente. Desde muy pronto ciertos sectores quisieron ridiculizarlo y demonizarlo como un residuo del pasado, pero la perspectiva del tiempo engrandece su figura. El PP, ahora que afronta serias responsabilidades de Gobierno, puede encontrar en él un referente no solo sentimental.