La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Cardenal Rouco destaca que las actitudes morales, espirituales y cristianas de don Manuel “eran decisivas para comprender el problema y buscar caminos de solución”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, participó ayer en el programa “La linterna” de la Cadena COPE, de Juan Pablo Colmenarejo, para recordar a Manuel Fraga, fallecido el pasado domingo en Madrid, a quien calificó de “amigo y paisano, que estuvo muy cerca siempre de la vida del pueblo, de la vida de su parroquia” y que “su condición de cristiano y de hijo de la Iglesia ha sido una base muy perdurable para toda la trayectoria de su vida, para toda su vida, tanto en los aspectos personales de la misma como en los aspectos públicos”.

Afirmó, asimismo, después de visitar la capilla ardiente, que pese a la diferencia de edad entre ambos, “la relación personal fue muy honda”, sobre todo, en los años en los que el Cardenal Rouco fue obispo auxiliar y arzobispo de Santiago de Compostela”.

Preguntado por las cuestiones que trataban cuando hablaban, respondió que “muchas veces hablábamos de asuntos que trascendían la inmediatez política y nos llevaban siempre a las grandes cuestiones que tienen que ver con la concepción del hombre y de la vida y a los grandes problemas morales y espirituales de la sociedad actual, desde el punto de vista, de la perspectiva española o la perspectiva universal como la perspectiva de Galicia”. En este sentido, subrayó que “el Camino de Santiago fue para él, no solo un instrumento de recuperación de muchos aspectos culturales, incluso económicos, de la vida de Galicia, sino que fue, también, una forma a través de la cual ayudaba a la recuperación espiritual de las generaciones jóvenes”. “Recuerdo lo que le impresionó la JMJ del año 89, dos meses antes de que se entregase a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Galicia”, añadió.

Sobre su sentido cristiano de la vida, destacó que “nunca lo ocultaba, asegurarse al misa dominical era un asunto que se comentaba con una cierta gracia. No había ningún motivo político ni ninguna ocupación que le impidiese ir a la misa dominical. Era hijo de una familia muy cristiana y de una madre muy cristiana”.

En cuanto a la época que le tocó vivir, desde la etapa franquista al actual sistema de libertades y tuvo un papel relevante en la reconciliación nacional, señaló que “don Manuel en estos problemas de la historia más inmediata más mediática, si nos queremos entender y explicar así, pues se fijaba en las causas profundas de las situaciones”. “Creo que sus aptitudes morales, espirituales y cristianas eran decisivas para comprender el problema y buscar caminos de solución”, manifestó.

Concluyó señalando que “su talento era extraordinario, su memoria prodigiosa y su erudición más” y que “ponía el talento y la memoria al servicio de esa erudición pasmosa, no solo en el terreno específico de sus estudios universitarios propios, el Derecho, las Ciencias Políticas… sino en todos los amplios campos, hasta de la Teología y, por supuesto, de la historia de España y Galicia, de la que era un especialista máximo. Me asombraba muchas veces”.